Guerreros civilizadores

La mutación por la que atravesó el liberalismo, brillantemente sintetizada por Santa María, en la cual la vieja agenda revolucionaria cedió paso a un accionar económico agresivo, puede ayudarnos a entender el pragmatismo de los conductores de la guerra y también brindar luces sobre el proyecto civilizador que las burocracias estatales se propusieron implementar en los territorios conquistados por la fuerza de las armas. La propagación del progreso en los territorios que iban de Antofagasta a Tarapacá, tarea que, como veremos más adelante, Chile reclamará como de su entera responsabilidad, mostró in situ no solo las profundas transformaciones por las que atravesó el republicanismo en clave liberal, sino que confirmó la irrelevancia de la retórica solidaria y continentalista del pasado79. Los grupos y mayorías oscilantes no podían ser aliados confiables de un gobierno cuyo principal objetivo en 1879 fue pelear una guerra internacional y ganarla. De ahí que los colectivos que demostraron una mayor disciplina y consistencia en su apoyo a Pinto y luego a Santa María fueran, como hemos señalado anteriormente, los Nacionales y, en menor medida, los Radicales. Para Vicuña Mackenna tanto unos como otros, antes activos en el movimiento en pro de la reforma electoral y la democracia popular, se entregaron en masa y sin condiciones al gobierno inaugurado en 1876 y sacaron grandes ventajas de ese pacto, en desmedro de «sus aspiraciones y de sus principios»80. En vísperas de la Guerra del Pacífico «el pacto de gobernabilidad» chileno descansaba en una alianza variopinta de la cual se encontraban excluidos los núcleos conservadores y la disidencia liberal representada por Vicuña Mackenna, quienes desde el Congreso y la prensa abrieron fuego tanto contra el gobierno como contra Bolivia y Perú. Si bien es cierto que la discusión en torno a la guerra ocurrió en clave republicano-liberal, el doctrinarismo había llegado al límite de sus posibilidades históricas, y por ello mutó hacia una realpolitik sustentada en el discurso civilizador de la frontera que se dio, qué duda cabe, en clave nacionalista-étnica. En el complejo escenario de una guerra difícil, donde el gobierno central debió sopesar miles de factores y variables, defendiendo simultáneamente sus prerrogativas y su legitimidad en el campo minado del Congreso y de la esfera pública, tanto la administración Pinto como la de Santa María estrecharon sus vínculos con políticos que como Varas o Sotomayor fueron formados en la vieja escuela portaliana de la razón de Estado. Lo anterior no significó que se dejara de lado aquella experiencia política 47

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