Andrés Sanhueza, que ocurrió a escasos días de la declaración de guerra a Bolivia, es posible adentrarse al juego de dones y contra dones que sostuvo al Estado guerrero. Las promesas de apoyo de Sanhueza en la elección de los diputados gobiernistas pasaba por la autorización para disputar «legalmente y sin atropello alguno» la senaduría de su provincia. Si el arreglo prosperaba, Sanhueza se comprometía a aportar su maquinaria en el Bío Bío. Como su mayor deseo era «no chocarse» con las fuerzas gobiernistas, el aliado de turno aceptó la lista de diputados propuesta por el vocero presidencial, aunque defendiendo su prerrogativa de escoger al menos a un miembro del Partido Conservador para conformar la lista ganadora. Luego de evaluar la propuesta de Sanhueza, Pinto aceptó sus condiciones. En la coyuntura de una guerra internacional, en donde la intención del gobierno era «hacer una elección tranquila» y sin mayor aspaviento, el arreglo con Sanhueza en Chillán le pareció bastante razonable72. Pinto heredó de Federico Errázuriz el llamado Partido Liberal de gobierno. Sus huestes eran numerosas, ya que cubrían no solo la vasta gama de adherentes de todos los gobiernos sino a todos aquellos que confesaban vagamente el credo de la libertad, por faltarles definición doctrinaria suficiente para seguir a radicales, conservadores o a los muchos doctrinarios liberales del círculo de José Victorino Lastarria73. Ser liberal representaba la comodidad de no obedecer órdenes y estar en el gobierno o abandonarlo según los dictados del momento. La tragedia del Partido Liberal, y lo que lo hacía un problema político sin «remedio», era el hecho de que «nadie arrastraba a nadie»74. En torno a un grupo de parlamentarios del corte de Ramón Barros Luco (cuya investidura dependía de La Moneda) se agrupaban cinco o seis núcleos acaudillados por Miguel Luis Amunátegui, Domingo Santa María, Belisario Prats, José Victorino Lastarria y José Manuel Balmaceda con los hermanos Arteaga Alemparte. Este núcleo político se turnó en los ministerios de Pinto y con la misma libertad con que asumieron funciones de gobierno, a la vuelta de la esquina emprendieron interpelaciones, votos de censura y todo tipo de intrigas contra el primer mandatario75. En ese sentido resulta muy iluminadora la denuncia hecha por Santa María ante Pinto respecto a las maniobras electorales de Belisario Prats en Chiloé. Ahí, este ordenó eliminar varios nombres de los aspirantes a las diputaciones, entre ellos el del Radical y aliado del gobierno, José Francisco Vergara. El procedimiento del líder de una de las facciones más importantes, sobre las que se asentaba la 45
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