Guerreros civilizadores

inició en 1858 con la alianza entre liberales y conservadores ultramontanos para fustigar al gobierno de Montt69. Como la diseminación de fuerzas — producto de los profundos cambios socioeconómicos ocurridos en Chile desde mediados del siglo XIX en adelante— no hizo posible que un solo partido asumiera la plena responsabilidad del poder asegurando así la estabilidad de los gabinetes, fue preciso recurrir a las «combinaciones de partidos» (Eyzaguirre, 1995, p. 173)70. Esta fórmula, unida a la manipulación del proceso electoral por parte de La Moneda, posibilitó la «gobernabilidad chilena». La estrategia fue responsable, asimismo, de que el accionar político se tornara sumamente competitivo y violento y que, por ello, se vaciara del contenido ideológico y de la relativa legitimidad de la cual gozó en el pasado. En vísperas de la Guerra del Pacífico, Chile se encontraba atravesando un complejo proceso de transición política. Dentro de ese contexto, una variedad de grupos de interés en pugna permanente por acceder al poder constituían la columna vertebral que sostenía el frágil sistema político de la república sudamericana. En el marco de un escenario marcado por profundas transformaciones tanto a nivel teórico como de la praxis, la campaña presidencial de Benjamín Vicuña Mackenna, quien fue derrotado por la maquinaria gobiernista que favoreció a Pinto, puede ser analizada como el canto de cisne de un republicanismo liberal aferrado aún al discurso de «la democracia de los pueblos». Un concepto considerado por muchos como arcaico pero que sin embargo mostró su fuerza y poder de convocatoria, bajo el liderazgo del mismo Vicuña Mackenna, durante la Guerra del Pacífico. La política coalicionista, que desde la década de 1860 atravesó por diferentes fases, alude a la existencia de un Estado recompuesto y, en consecuencia, dispuesto a inaugurar nuevas reglas de sociabilidad política. Para ello fue necesario que el Ejecutivo desempeñara la función de árbitro en el escenario fragmentado y contencioso de un cúmulo de facciones enfrentadas entre sí. La ardua tarea arbitral que demandó del pragmatismo y de las habilidades negociadoras de vanguardias estatales entrenadas en varias décadas de luchas violentas se ejemplifica en la labor, poco estudiada, de Santa María, para quien la «perpetua vida eleccionaria» era semejante a la fiebre amarilla o al cólera morbus71. Desde una perspectiva que pone en evidencia la involución del liberalismo democrático y participativo, es posible entender el viaje del ministro de Pinto a Chillán y a Talca con la finalidad de «arreglar» ahí los «negocios» electorales. A partir de la versión escrita de su encuentro con el cacique provinciano 44

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