Guerreros civilizadores

765 El Diario Oficial en su edición del 17 de julio de 1882 señalaba al respecto: «No olviden que al montonero no lo amparan las leyes relativas a un ejército regular y que por lo mismo, es necesario tratarlo cual merece el bandido que asalta traidoramente en el camino al inofensivo viajero» (Diario Oficial, 17 de julio de 1882). 766 Estas son algunas de las caracterizaciones que aparecieron en la primera versión del combate escrita para El Mercurio de Valparaíso por Eloy Caviedes entre el 2 y el 7 de agosto. Otros relatos como el del Diario Oficial afirmó incluso que los atacantes «se comieron parte del cadáver» del subteniente Cruz «en memoria tal vez de los hermanos Gutiérrez» (Diario Oficial, 25 de julio de 1882). Dentro de esa misma tendencia El Ferrocarril publicó en su edición del 29 de julio un artículo que con el título «Horribles detalles» graficaba lo ocurrido en La Concepción refiriéndose a los «cadáveres sembrados de tajos» y «otros horrorosamente mutilados». Es interesante recordar aquí el argumento de Peter Hulme, quien sostiene que las historias de canibalismo permanecen sumergidas en los imaginarios para reaparecer luego de que las misiones civilizadoras entran en crisis (Barker, Hulme & Iversen, 1998, p. 3). 767 Cáceres señalaba en sus memorias que «la atropellada retirada» de la división Canto «tuvo todos los caracteres de una desastrosa fuga». El general perdió mucha gente y dejó abandonados por doquier rifles, municiones y equipos, así como ganado vacuno y bestias de silla y de carga. Sin embargo, las represalias contra las poblaciones indígenas no se hicieron esperar. La «huella» del paso de la división chilena en su retirada a Lima estaba «tétricamente señalada por la multitud de cadáveres de pacíficos e inermes pobladores, cruelmente victimados, y por las violaciones, la depredación y el saqueo» (Cáceres, 1973, p. 181). 768 El recuento de Milón Duarte aparece en Pereyra, 2006 (p. 97). 769 El telegrama de Lynch, dando cuenta del trágico acontecimiento, aparece en Ahumada (1982, VII-VIII, p. 189). 770 El Mercurio de Valparaíso en su edición del 18 de julio publicó también una serie de telegramas oficiales que daban cuenta del combate. En la sesión extraordinaria convocada por el Congreso, Vicuña Mackenna habló durante cuatro horas acusando directamente al elemento civil que seguía predominando en Lima y pidiendo un «castigo tremendo» para las cobardes matanzas de la sierra peruana. En esa misma sesión Aldunate solicitó al gobierno que ordenara «arrasar todos los pueblos de la sierra» e hiciera «sentir a Lima todo el peso de la guerra». 771 La orden de del Canto era «abandonar el pueblo de Huancayo, asediado por el tifus y la escasez de víveres, y replegar las fuerzas sobre Jauja y Junín» a fin de marcharse «definitivamente de esos pueblos» para limitarse a retener la línea de La Oroya y algún otro punto estratégico que permitiera conservar libre el paso al otro lado de la cordillera (El Mercurio de Valparaíso, 2 de agosto de 1882). Otra fuente importante para entender el proceso de la retirada de Huancayo es un folleto que publicó en Lima el secretario de la división Canto (Palacios, 1882). 772 Caviedes señalaba que de muchas casas se les mandaba «grandes cantidades de licor» a los montoneros con la finalidad de «mantener vivo el patriotismo» (El Mercurio de Valparaíso, 5 de agosto de 1882). 773 La respuesta de Carrera a Gastó en la que el oficial chileno le recuerda al peruano que por sus venas corría la misma sangre de los Carrera está consignada por Vargas 416

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