Guerreros civilizadores

Machuca (1927, IV, p. 299). 774 El Ferrocarril, 4 de agosto de 1882. 775 El Independiente, 19 de julio de 1882. 776 El Estandarte Católico, 22 de julio de 1882. 777 Dentro de la misma tendencia se puede ubicar al artículo «Basta de contemplaciones», anteriormente citado. En el mismo se recordaba el ejemplo dado por Inglaterra al bombardear Alejandría. No existía otro remedio y si bien «era doloroso» que volviera a correr «sangre chilena» siempre era preferible que fuera en «el campo de batalla y no en los hospitales por el tifus o la fiebre amarilla, y en las emboscadas traidoras». Porque el mayor problema era que el Perú no quería la paz sino «la guerra a muerte». 778 El Estandarte Católico, 31 de julio de 1882. 779 Esta discusión se basa en los artículos publicados en El Ferrocarril de Santiago, entre el 18 y el 30 de julio de 1882. Luego de denunciar la ausencia de un «plan bien meditado» y de subrayar que las fuerzas de ocupación del Perú no podían estar destinadas a «la reducción de las tribus indígenas del interior» el autor del primer artículo de la serie recordaba que los destacamentos chilenos malgastaban su heroísmo, luchando contra «los obstáculos de la naturaleza» y «las celadas» que se les oponían sin que «los sacrificios» tuvieran «jamás una compensación proporcionada». Dentro de la misma línea de argumentación, el artículo siguiente señalaba la necesidad de adoptar «definitivamente» un régimen que hiciera sentir en los territorios enemigos «la verdadera condición» a la que quedaban expuestos los países que no se apresuraban a buscar la paz. Y es que «la política de la lenidad», propiciada por el gobierno chileno y sus representantes, no había hecho más que «alentar la resistencia enemiga», después de dieciocho meses perdidos en vanas expectativas, en una situación análoga a la existente luego de la caída de Lima. Lejos de avanzar en el camino de la paz el país retrocedía a lo que «propiamente» podía llamarse «una ingrata y estéril tarea de exterminio». 780 El Ferrocarril de Santiago, entre el 18 y el 30 de julio de 1882. 781 Todos en Chile, señaló un artículo del New York Herald, «temen y con razón el regreso del ejército de ocupación y de los numerosos empleados civiles que los acompañan». El efecto «desmoralizador» de una guerra de conquista se había hecho sentir en Chile de «un modo horroroso». En Lima, anotaba el editorialista, los empleados chilenos aprendieron a robar y a no respetar ningún sentimiento de honorabilidad. Porque si bien Chile había logrado liberarse del militarismo, y los jueces y empleados se distinguían por una pureza relativa, todo ello había quedado amenazado en sus raíces por la ocupación del Perú. Los militares, pronosticó el autor del artículo, volverían a su patria con sus «aspiraciones peligrosas» y los empleados con sus «pretensiones» inaceptables (Ortiz Benites, 2013, p. 18). 782 Jovino Novoa a Domingo Santa María, 29 de marzo de 1882, en AN.FV., vol. 413, f.91. En su nota Duarte le recordó a Novoa que «en 1880 él fue uno de los más acérrimos propagandistas de la resistencia y de ello daban cuenta los cuatro mil quinientos soldados que armó con su propio peculio. Pero hoy, con tantos desastres que conmovían hondamente al Perú, su obligación era poner punto final a las calamidades que azotaban a su patria». 783 «Declaración de la Municipalidad de La Concepción», 22 de abril de 1882» en 417

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