Guerreros civilizadores

guerra de posiciones de los caudillos peruanos, la tarea de Novoa fue validar cada uno de los pasos que debían forjar el bienestar económico de Chile. Para preservar la vigencia del tratado que él mismo redactó y que le añadía a su país miles de kilómetros de territorio, el plenipotenciario debió incluso quedarse en Lima, donde mantuvo una relación abierta y fluida con Iglesias y sus representantes. En la correspondencia de Novoa con Santa María, en el año 1884, se pone en evidencia la labor que el asesor de Lynch cumplió en Lima luego de la firma del Tratado de Ancón797. Lo que impresiona es ver que a pesar de una resentida salud debido a los estragos de un clima adverso —lo que generó rumores de su muerte cercana—, Novoa hizo gala de una frialdad a prueba de balas. A raíz de la entrada del general Cáceres a Lima para disputar el poder de Iglesias, el abogado chileno se subió al techo de su casa con toda su familia para presenciar el intenso combate que ocurría a pocos metros de su casa. «¿Era valor de mi parte?», se preguntaba en la carta que escribió a su amigo Cornelio Saavedra. ¿No era simplemente la conciencia de que el representante de Chile estaba «resguardado» por las victorias de su ejército?798. A pesar de quejarse de que todos sus sacrificios no le aseguraban el respaldo absoluto de su gobierno, hecho que le hizo redactar incluso una carta de renuncia, Novoa se involucró abiertamente en la política peruana. «Voy a decirte —le escribió al presidente luego de elevar sus quejas personales— el plan que ya había comenzado a poner en obra». Este consistía en convencer a Iglesias para que se afianzase en algún partido, principalmente en aquel que pudiera ayudarlo a «desaparecer la resistencia de Cáceres». Para llevar a cabo su cometido, Novoa sostuvo una conferencia con Mariano Castro Zaldívar, a quien le manifestó con absoluta franqueza la necesidad de atraerse a los civilistas. Entre otras «muchas indicaciones», el plenipotenciario propuso reunir a diez o doce de los más connotados miembros del Partido Civil para escuchar sus opiniones respecto al «medio de unificar el país y hacer desaparecer las disensiones internas». Para que ello ocurriera se les debía ofrecer algunas carteras al civilismo en el flamante gobierno de Iglesias. Novoa, quien también le comunicó a este sus ideas sobre el aggiornamiento con sus antiguos adversarios, señalaba que «no creía prudente aparecer con las pretensiones de imponer, sino de inculcar» en la elite política peruana una serie de propuestas «por el convencimiento». Mientras Novoa se dedicó a las tareas legales y de persuasión con el fin de asegurar una transferencia territorial sin sobresaltos, Lynch y Santa 403

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