armados entre una multitud de contrincantes posicionados a lo largo y ancho del Perú. Ello lo entendió perfectamente Santa María cuando señaló que de todas partes esperaban pronunciamientos a favor de Iglesias. Sin embargo, al ver que nada acontecía, La Moneda resolvió enviar a Luis Aldunate a Lima con dos propósitos bien marcados: afianzar al general cajamarquino y traerlo a Lima, haciéndolo gobierno con «verdadera autoridad moral» y emprender, en simultáneo, la expedición a Arequipa. El presidente opinaba que no era posible dejar un «foco de resistencia» que si no desaparecía destruiría a la larga la «obra que se quería prestigiar790. Si bien es innegable que, con absoluto dominio de la materia, la dupla Santa María-Lynch entró a tallar en la etapa militar del experimento municipalista gestado en Concepción, es importante tener en cuenta que este desarrollo fue paralelo a los esfuerzos políticos de Luis Aldunate y Jovino Novoa en esa misma dirección. De ello dio cuenta una carta de Santa María a Aldunate, en la cual reconocía las «ochocientas mil dificultades» con las que los plenipotenciarios de Chile en Lima debían lidiar. A pesar de que no es posible negar la contribución de Luis Aldunate, será la labor política y jurídica de Novoa la que dará por terminada la larga y penosa estadía de Chile en el Perú791. Alumno del Instituto Nacional y de la facultad de Derecho de la Universidad de Chile, Novoa inició su carrera judicial como juez de letras de San Fernando, durante los últimos años de la administración Bulnes. En 1854 fue promovido a juez de crimen en Valparaíso y en 1858 a intendente de esa zona. En 1859 y desde la cartera de Hacienda acompañó a Montt hasta el final de su gestión. En 1868 defendió a la Corte Suprema de la acusación hecha en el Senado y consiguió su absolución. A un año del estallido de la guerra fue nombrado miembro de la Facultad de Leyes de la Universidad de Chile y en su incorporación disertó sobre el «Poder Judicial, su Independencia y su Responsabilidad». El momento estelar en la carrera de Novoa, quien al igual que Altamirano y Santa María militó en el Partido Liberal y participó activamente en la vida congresal, ocurrió durante los años de la ocupación peruana. Novoa, un fiel representante de la maquinaria burocrática que sobrevivió los embates a los que fue sometido el estado chileno, es otro ejemplo de la imbricación entre Chile viejo y Chile nuevo de la cual dimos cuenta en el primer capítulo. Un liberal, cuyos vínculos con el monttvarismo son innegables, el plenipotenciario de Santa María fue depositario de la soberanía de Chile y representó a esta república en las negociaciones preliminares al Tratado de 400
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx