Guerreros civilizadores

conglomerado político, Luis Milón Duarte redactó un documento en el que subrayaba el hecho de que una «minoría recalcitrante» no podía decidir en nombre de poblaciones agotadas por las cargas impuestas por Chile a las provincias serranas. Había llegado el tiempo, añadía la nota, de concluir con el «espíritu de partido y el agio a nombre de la cosa pública». Era por lo anterior que en su calidad de alcalde Duarte dictaminó que los individuos mayores de 21 años que decidieran no asistir al comicio para la declaratoria de paz con Chile pagaran una multa de treinta soles. Celebrado el comicio, los que estuviesen en contra de la paz debían desocupar la ciudad con sus familias en el término de 48 horas, volviendo solo cuando una Asamblea Nacional los indultase de sus faltas. Más aún, los bienes de esos «sediciosos» irían al fondo de los gastos de ocupación, siendo la municipalidad la única responsable de administrarlos o venderlos en subasta pública785. ¿Quién era Milón Duarte y qué clase de poder lo autorizaba a decretar medidas tan draconianas? Hijo de español, nacido en Huanta, Duarte era un abogado y hacendado de gran prestigio y arraigo en Concepción. Señalado como el primer industrial de la sierra central, además de un ganadero innovador, el antiguo aliado de Cáceres fue el propietario del mejor molino serrano y debido a su matrimonio con Beatriz Valladares el jefe del más importante clan de la zona. La trayectoria de Duarte se caracterizó por un crescendo que, de acuerdo a Hugo Pereyra, partió de un sincero espíritu de lucha contra los enemigos de su patria, hasta llegar al colaboracionismo dinámico que se evidencia en su accionar durante 1883, en su calidad de alcalde de Concepción. Durante la ofensiva chilena que culminó en la batalla de Huamachuco, entre abril y julio de ese mismo año, Duarte fue el gran apoyo administrativo y logístico de los expedicionarios en nombre del régimen regenerador. Sin embargo, su exposición, junto a los documentos anteriormente citados, muestran cómo a pesar de colaborar con los chilenos nunca dejó de lado su animadversión contra ellos. Con tal de verlos fuera de su patria, Duarte fue capaz de tragarse su orgullo y negociar con Lynch, en nombre de «los pueblos», la entrega de la riquísima provincia de Tarapacá (Pereyra, 2006, pp. 92100)786. 396

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