Guerreros civilizadores

periodismo tuvo acceso a información fidedigna sobre el combate a través de Eloy Caviedes, quien entrevistó al capitán Jorge Boonen Rivera de la 5ª compañía del Chacabuco, quien se anticipó en una semana a la llegada de la división del Canto a Lima. La exposición detallada de lo que Caviedes denominó como «la homérica lucha del desesperado» apareció diez días después en El Comercio del Callao y luego, por entregas, en El Mercurio de Valparaíso770. Este relato nos provee de los antecedentes políticomilitares que permiten comprender los pormenores de lo ocurrido con un batallón chileno en la serranía del Perú771. Lo que resulta relevante para nuestro análisis es la manera como la prensa chilena identifica a ambos contrincantes, lo que refleja con claridad la tensión cultural que caracterizó al discurso de la guerra. Dentro de ese contexto, Caviedes colocará de un lado a «los indios y cholos montoneros» armados de «garrotes, hondas y lanzas», quienes «demostraban mucha valentía» debido a que venían «embravecidos por la borrachera»772; y del otro, a «los titánicos soldados» del Chacabuco, quienes con extremo heroísmo metían sus afiladas bayonetas «en las compactas masas de los embrutecidos cholos». Los mejores elogios fueron, sin embargo, para Ignacio Carrera Pinto, quien antes de morir en combate reclamó públicamente su filiación patricia negándose a aceptar la propuesta de una rendición honrosa hecha por el coronel peruano Juan Gastó773. La responsabilidad individual del Leónidas chileno fue relevada en El Ferrocarril: «El martirio de la Concepción», decía uno de sus articulistas, era «única o muy principalmente al heroísmo del jefe que mandaba», ya que el jefe era el que daba siempre «la medida de la resistencia y del sacrificio y su espíritu y corazón» debían ser «doblemente superiores al imponer a sus subalternos la muerte»774. Carrera Pinto (1848-1882), quien de acuerdo a uno de sus biógrafos «escribió con sangre la página más sublime de la Guerra del Pacífico» (Estado Mayor General del Ejército, 1981, p. 255), además de convertirse en el símbolo de aquella «república civilizada» que intentó sin éxito dominar a la «barbarie indígena», representa las luces y las sombras del republicanismo civilizador, además del viaje sin retorno de muchos de los expedicionarios destacados a la sierra peruana. La «hecatombe de La Concepción» estimuló la discusión, inaugurada en 1881, en torno a la ocupación del Perú. En un editorial del diario El Independiente, Zorobabel Rodríguez indicaba que lo ocurrido en La Concepción sugería «al espíritu reflexiones muy graves y muy dignas», las 391

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