Guerreros civilizadores

a los oficiales y clases que no había que rendirse nunca y así fue como «77 hombres chilenos se batieron contra 2000 cholos serranos» (Ravest Mora, 1982). Luego de verificar la ausencia de sobrevivientes y de ordenar el fusilamiento de decenas de montoneros, el coronel del Canto ordenó a los «doctores cirujanos» que extrajeran los corazones a los oficiales de la 4ª compañía del batallón Chacabuco, los que fueron colocados en un frasco de alcohol para llevarlos a Chile. Las demás víctimas fueron sepultadas en la iglesia, la que fue posteriormente quemada para evitar profanaciones. Al día siguiente, el comandante ordenó el incendio del pueblo y luego de que fuera reducido a cenizas la división partió rumbo al norte donde prosiguió su expedición punitiva767. En una evocación sobre lo acontecido en la ciudad donde tuvo lugar el sangriento encuentro, Luis Milón Duarte señaló que el incendio empezó por sus viviendas. Luego le tocó el turno a la iglesia, a la municipalidad y demás casas aledañas. A las tres de la tarde «la ciudad fue entregada al saqueo, a la desolación y al suplicio». La clase más desvalida, mujeres y niños, se refugió en los cerros huyendo de la venganza de los expedicionarios. Por todas partes, escribió Duarte, no se oían sino «ayes y clamores» de una población inerme y aterrorizada. Más de trescientos cadáveres de peruanos fueron encontrados después del combate. En una de las partes más conmovedoras de su relato el alcalde de Concepción y futuro promotor de un tratado de paz con Chile subrayó que los enfermos y heridos fueron degollados en sus lechos. En efecto, fue tal el horror que siguió a la represión que la población civil de la antes pujante ciudad serrana no podía narrar sino en medio de sollozos lo que sus ojos vieron esa tarde de julio de 1882768. Un punto que nos interesa analizar en esta sección es la manera en que el combate de La Concepción fue presentado al público lector chileno. La primera versión del combate llegó a Lima en la tarde del 14 de julio, enviada desde Jauja por el coronel del Canto, y rápidamente se esparció. En Santiago los rumores cobraron cuerpo durante el domingo 16, y dos días después los periódicos consignaron el hecho del combate, pero sin detalles. En La Moneda solo se conocía el telegrama del general Lynch en el que daba cuenta de que el 9 de julio la Compañía Santiago había sido atacada en Marcavalle por diez mil enemigos, muchos de ellos con rifles, y el mismo día ocurrió otro ataque mortal contra una compañía del Chacabuco que guarnecía Concepción. El combate, relataba Lynch, duró veinte horas y luego de ello el cuartel fue tomado e incendiado769. El 390

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx