Guerreros civilizadores

liderazgo acorde con las demandas de un conflicto trinacional como aquel en el que se vio súbitamente involucrado46. El desafío principal era no solo pelear una guerra en medio de aquella terrible pobreza que tanto atormentó a los dos presidentes encargados de administrarla, sino tener que hacerlo con generales que por sus «escasas aptitudes» tenían al jefe de Estado «con el credo en la boca»47. Estas carencias estructurales, que eran económicas, militares y sociales, prueban que la entidad política que le declaró la guerra a Bolivia y Perú estaba atrapada por una serie de rémoras de las cuales intentó liberarse. En vísperas de la guerra, el Estado chileno carecía de presencia efectiva en importantes zonas bajo su jurisdicción y es por ello que el control de la violencia, sobre la cual en teoría debía ejercer monopolio, se encontraba en manos de múltiples actores, entre ellos los bandoleros que asolaban el Valle Central, los brujos de Chiloé que atemorizaban a la población de Ancud, o los indígenas que mantenían en jaque a los militares encargados de mantener el orden en la frontera sur48. Respecto a este último punto es importante rescatar la misiva en la que Pinto mostró su preocupación respecto a las noticias alarmantes que en el verano de 1880 le llegan desde Arauco. El presidente opinaba que las resonancias periodísticas del conflicto en la frontera sur podían alentar a que los peruanos prosiguieran con su belicismo. El jefe de Estado afirmaba que los artículos a los que había tenido acceso creaban la impresión de que Chile peleaba, como efectivamente ocurría, dos guerras en simultáneo49. Los frentes eran muchos y la capacidad del Estado sumamente limitada. El estudio de la copiosa correspondencia cursada entre el ministro de Guerra y los intendentes en la decisiva década de 187050, muestra los niveles alcanzados por el bandolerismo rural y la delincuencia urbana, así como, también, la desprotección existente en muchas ciudades y aldeas chilenas51. La opinión de las autoridades era que los bandidos estaban ganándole la partida a una fuerza policial no solamente desorganizada, sino carente de recursos. En una nota enviada por el gobernador de Caupolicán, Francisco A. Pedregal, este comentaba sobre la situación de gran alarma que existía en las subdelegaciones rurales de Panquehue, Malloa, Olivar y Coinco. Ahí sus habitantes no contaban ni con la seguridad de sus vidas ni de sus propiedades52. En Colchagua la impunidad era un lugar común debido a que el personal de policía, además de ser reducido en número, carecía de armas para combatir a los delincuentes. Era por ello que su intendente Manuel Soffi a le recordaba al ministro de turno que disponer de armamento adecuado era fundamental para 39

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