estable y libre de los vaivenes de la política contingente45. De ella dará cuenta no solo la impresionante labor burocrática ejercida durante la campaña bélica por otro miembro del Partido Nacional como lo fue Rafael Sotomayor, sino la hasta ahora poco conocida tarea fiscal de Bernardo Irarrázaval en la Lima ocupada, de la que daremos cuenta en el último capítulo de este libro. Montt, a la manera de un déspota ilustrado —y aquí hay que recordar el enorme impulso a la educación que ocurrió en su decenio (Serrano, 1994)—, se impuso la tarea de reinventar la legitimidad y la magia de un Estado capaz de reproducirse por sí mismo. El proceso de legitimación estatal lo llevó, como bien sabemos, a la violencia arbitraria y a la peor crisis del orden conservador en veinte años de poder, lo que además de allanar el camino a los gobiernos liberales que le sucedieron colaboró en debilitar lo que para Varas constituía el sustento de cualquier maquinaria bélica exitosa: un aparato estatal libre de constreñimientos. Sin embargo, por esas paradojas que guarda la historia, la Guerra del Pacífico —a la cual el ex ministro de Montt y los nacionales dotaron de organización y de legitimidad— fue la que permitió que el abstracto que en su momento no logró cristalizarse en Santiago, se reinventara más allá de la frontera. El accionar voluntarioso de una maquinaria político-militar avanzando sobre una zona fronteriza que se creía estar liberando para el mundo civilizado tuvo su epílogo en la capital del país derrotado. «Chile en el Perú», frase mediante la cual Daniel Riquelme sintetizó el concepto que Patricio Lynch se propuso representar en la ciudad vencida (Mc Evoy, 2006a), muestra como Lima fue el destino final de un complejo periplo que, por un sinnúmero de razones, no encontró arraigo en el territorio de la república victoriosa. Teniendo en cuenta esta línea argumentativa, es posible afirmar que la ocupación del Perú puede ser estudiada como la conclusión a todas luces imprevista de la obra de ingeniería política e ideológica que Varas y Montt iniciaron un lustro antes en La Moneda. Lo que resulta más relevante a nuestra discusión sobre «Chile nuevo y Chile viejo» es que la concreción del proyecto fue realizada por los enemigos de antaño, los liberales. II. LOS DILEMAS DE UN ESTADO EN JAQUE Salvo por un núcleo de poder cohesionado y dispuesto a afrontar la empresa guerrera con «serenidad y empuje», hacia el verano de 1879 el Estado chileno carecía de las condiciones materiales para ejercer un 38
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