Guerreros civilizadores

para lograr validarse políticamente. El humillante rechazo al que lo sometieron los delegados chilenos luego de las dramáticas jornadas de Chorrillos y Miraflores y la apertura de conversaciones, por parte de los mismos, con los núcleos políticos cercanos al civilismo debieron tener un efecto determinante en la puesta en funcionamiento del congreso ayacuchano744. Los serios reveses materiales y morales sufridos por la élite limeña luego de la ocupación de la capital no impidieron que ella, también, intentara reconstruir su núcleo de poder en la capital de la república ocupada. La negativa de los chilenos de reconocer al gobierno dictatorial de Piérola, la acefalía en que se hallaba la ciudad capital, el peligro de la anarquía, y la necesidad de establecer bases inmediatas para un acuerdo de paz y desocupación del territorio peruano, fueron motivos suficientes para que un puñado de limeños y provincianos intentaran recrear un gobierno propio. La junta de notables que lo lideraba745 se reunió en casa del jurista e historiador Mariano Felipe Paz Soldán el 22 de febrero de 1881, teniendo como meta primordial el restablecimiento de la normalidad de la república746. Su presidencia recayó por votación en el abogado civilista Francisco García Calderón, quien se instaló en el balneario de la Magdalena el 12 de marzo de 1881, con la «benévola tolerancia» de los chilenos y el inmenso desafío de «buscar una paz honrosa,» que a la vez resguardara «la dignidad y el porvenir del Perú»747. La administración García Calderón nació como una concesión de Chile a la élite limeña. La necesidad apremiante de La Moneda por contar con un interlocutor válido y legítimo con el cual negociar los términos de la desocupación del territorio peruano y de llegar, simultáneamente, a la firma de una paz favorable a sus expectativas, determinó que Patricio Lynch brindara un apoyo relativo al gobierno que Bulnes describió como «una isla de Elba sin su trágica belleza» (Bulnes, 1919, III, p. 11). Fue por el determinante aval de Lynch que esa suerte de ficción jurídica que fue el Gobierno Provisorio logró contar con un espacio minúsculo donde poder organizarse, el territorio neutral de la Magdalena y la Escuela de Clases de Chorrillos; rentas propias, generadas por la aduana de Ancón; un periódico, El Orden, e incluso un pequeño contingente de gendarmes nacionales del que se pudo disponer debido a la autorización de las fuerzas de ocupación748. La carta más importante del gobierno de la Magdalena fue su personería jurídica, lo que le permitió activar sus contactos nacionales e 379

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