Guerreros civilizadores

haber recibido información de la legación italiana sobre el comportamiento de los soldados chilenos en la capital ocupada. Los expedicionarios se introducían, de acuerdo al informe, en las pulperías y otros almacenes de venta al menudeo para requisar bajo amenaza todo lo que se les venía en gana. En la denuncia de la legación italiana respecto a esa suerte de cupo cobrado directamente por la tropa, se mencionó también el caso de un marino italiano a quien algunos miembros del batallón Bulnes lo despojaron de su reloj, de una cadena de oro y de algunos billetes de banco732. De que las quejas que llegaban diariamente a las legaciones extranjeras contaban con un aval en la realidad da cuenta la correspondencia enviada por un ciudadano alemán a su madre después de visitar Chorrillos. Ahí finalmente se convenció de que «el espíritu de destrucción de los chilenos» no era una simple exageración. Pero eso no era todo. En plena luz del día, anotaba el joven, llegaban los coches cargados de oficiales y tropa, como si quisieran hacer una visita a las casas de la Lima ocupada. Estando ahí los soldados derribaban las puertas y se apoderaban de todo lo que les agradaba, despidiéndose «con toda tranquilidad de ánimo» tal como si no hubiera ocurrido nada. Con esa misma audacia y sangre fría, los transeúntes limeños eran despojados en plena calle de todo lo que traían consigo. Por algún tiempo, continuaba el relato, la moda fue desentornillar las chapas de las puertas de las casas para venderlas o para tener un mayor acceso a sus habitaciones733. En los alrededores de la capital peruana, señaló Gaspar Ostoja en una queja presentada ante la legación del Imperio Austro-Húngaro, la situación era aún peor que la descrita por la fuente anteriormente citada. La tropa de una división chilena ingresó en una oportunidad a su fundo y saqueó todo lo que encontró. Desde los frutos de cosechar hasta las puertas, herramientas, utensilios y ahorros de muchos años de trabajo desaparecieron, a pesar de que la bandera de su país de origen flameaba en el asta de su residencia734. El New York Herald consignó una serie de datos que permiten acercarse a la situación que se vivió en Lima durante los primeros meses de la ocupación, probablemente los más difíciles. En la Plaza de la Victoria y el jardín que se ubicaba detrás de la Bolsa de Valparaíso fueron plantados árboles y arbustos «saqueados de los terrenos de la Exposición y del Jardín Botánico» de la capital peruana, y la Plaza de Armas de Santiago fue adornada con sus bancos de mármol y sus estatuas. Siguiendo con el modelo que Prusia ensayó en Francia, el cañón de Ayacucho, los animales 374

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx