Guerreros civilizadores

Chile. Todo ello con la finalidad de evitar que los intereses fiscales fueran burlados no solo por los contribuyentes sino por los militares encargados de hacer los cobros727. Lo que más sorprende de Irarrázaval es no solo la diligencia con la que recorrió las calles de Lima en busca de fincas no empadronadas o las visitas sorpresivas que realizó a los bancos o a las guarniciones militares de la costa peruana728 sino su estudio concienzudo de la fiscalidad peruana. Producto de este análisis el director de la Caja Fiscal emitió, el 5 de marzo de 1882, un informe pormenorizado sobre el sistema de contribuciones de la república vencida. Este abarcaba desde sus bienes hasta sus rentas, pasando por el uso que le otorgaba al papel sellado y a los timbres. En su revelador informe, enviado a Lynch, Irarrázaval denunció «la defectuosa organización fiscal del Perú en la cual el favor político se sobreponía sobre el principio constitucional de la distribución equitativa» de la carga impositiva. Esto obraba en detrimento de las entradas fiscales ya que arrebataba al Estado una parte importante de sus entradas. Respecto a los bienes nacionales Irarrázaval planteó la necesidad de adoptar una medida que definiera con claridad la relación entre el fisco y sus arrendatarios. Porque en lugar de favorecer al Estado, el sistema de rentas peruano favorecía al contribuyente. La creación de una comisión encargada de rectificar todos los avalúos que existían a la fecha en Lima y su borde costero fue la solución al problema. En cuanto al uso del papel sellado y timbres Irarrázaval propuso, asimismo, la necesidad de realizar frecuentes visitas a las entidades comerciales y financieras para de esa manera recordarles su obligación de usar dichas especies valoradas en todas las transacciones realizadas o por realizar. Ello porque la contribución proveniente de papel sellado y timbres estaba «completamente desatendida», hasta el extremo de que nadie la había pagado desde 1877729. Si no fuera porque gran parte de los fondos recaudados bajo la supervisión de Irarrázaval sirvieron para solventar los gastos de una ocupación extranjera, podríamos argumentar que el antiguo administrador del cementerio de Valparaíso se convirtió en una suerte de reformador del Estado peruano. Más aún, el Perú fue el lugar donde el Estado chileno logró concretar aquella reforma tributaria que el gobierno de Pinto no pudo, por una serie de razones, imponer (Ortega, 2005, pp. 25-40). Desde esta perspectiva, Irarrázaval asumió la defensa de un fisco que era «defraudado constantemente» por los malos contribuyentes. De ahí sus quejas a Lynch sobre el hecho de que los tiempos habían cambiado para el 372

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