declaración de Santa María, fiel reflejo de un ejecutivo omnipotente, trascendió el verbo para materializarse en la ocupación del Perú. Porque «grite quien grite y chille quien chille», lo primero era «hacer grande a la Patria y sacarla de sus conflictos llena de gloria»704. Por el bien de Chile todo estaba permitido, incluso que una fuerza de ocupación se quedase por tiempo indefinido en una república independiente y que miles de connacionales vivieran expuestos a los rigores del clima, a la guerrilla serrana, a la peste de fiebre amarilla y a las denuncias de la comunidad internacional. II. CHILE EN EL PERÚ Si bien es cierto que Manuel Baquedano, Cornelio Saavedra y Pedro Lagos —tres veteranos de la Guerra en Arauco— dieron inicio a la tarea de gobernar el Perú bajo las directivas de La Moneda, fue a Patricio Lynch a quien le correspondió la misión de transitar por ese camino «invariable» que Altamirano definió luego de las victorias de Chorrillos y Miraflores. Su meteórico ascenso en el escalafón del ejército y la marina, que lo llevó de comandante de transportes a general de división y luego a vicealmirante de la Armada Nacional, es una muestra palpable de cómo la guerra fue capaz de rescatar a un hombre de la oscuridad para catapultarlo a la cima de la gloria. Un carácter de inquebrantable dureza, pero también sus formas elegantes y suaves, sumadas a una admirable afabilidad comunicativa —propias de un hombre formado en la aristocrática marina inglesa—705 fueron las prendas que le permitieron a Lynch sortear la difícil tarea de presionar al Perú a la cesión territorial sin sumir a Chile en el desprestigio internacional, y enfrentar, en forma simultánea, la guerra de guerrillas en los Andes, la fiebre de peste amarilla en la costa, la oposición de la Casa Blanca y de varias legaciones extranjeras, además de las criticas del Congreso. En un escenario dominado por la contingencia más absoluta, Patricio Lynch se convirtió en el alter ego de Domingo Santa María y, junto a Jovino Novoa, en un miembro del equipo que logró la adquisición territorial más espectacular de la historia de Chile. No está de más recordar que desde muy temprano en la campaña marítima Santa María se refirió a Lynch en muy buenos términos, e incluso le escribió a Pinto para comunicarle que este era no solo un excelente administrador de los territorios ocupados sino que existían pocos en el frente de batalla «con 363
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