en el cual palabras como civismo, compasión, abnegación y generosidad eran totalmente irrelevantes para los representantes de «Chile nuevo»702. Domingo Santa María La lectura de la correspondencia cursada por Santa María durante la Guerra del Pacífico puede ayudarnos a entender la trayectoria de un liberalismo pragmático y a la vez autoritario que va definiéndose en la frontera y encuentra su expresión más acabada en la ocupación de Lima y las provincias costeras del Perú. Porque pesar de que el sucesor de Pinto se mostró apesadumbrado de cara a un evento de consecuencias imprevisibles, como lo fue la declaratoria de guerra a Bolivia y Perú, el entonces ministro hizo también gala de un gran realismo. La guerra era inevitable y Chile no estaba preparado ni tenía los recursos para pelearla. En un escenario plagado de peligros y contrariedades La Moneda no debía ceder ni un ápice del territorio adquirido. «No podemos ni debemos desocupar el territorio ocupado», escribió Santa María a Pinto a escasos días del estallido bélico y al mismo tiempo le señaló que su responsabilidad era inmensa. De lo que estaba totalmente convencido era de lo efímero de los halagos de una audiencia movida por las emociones más primarias, porque esos mismos que lo aplaudían hoy podían condenarlo cuando sintieran en carne propia las calamidades de la guerra. Cuando, en su calidad de ministro, Santa María viajó a Valparaíso y Antofagasta y descubrió las limitaciones del comando militar, confesó estar asustado de lo que le esperaba como servidor público. Sin embargo, y pesar de las divisiones al interior del ejército, el sucesor de Pinto fue 361
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