biógrafo— cuando este le preguntó acerca de su persona, al incluirlo en su Diccionario Biográfico de Chile, el entonces presidente afirmó: «Se me ha llamado autoritario. Entiendo el ejercicio del poder como una voluntad fuerte, directora, creadora del orden y de los deberes de la ciudadanía. Pero como esta tenía todavía mucho de inconsciente era necesario ‘dirigirla a palos’»700. En una interesante remembranza de Carlos Walker Martínez sobre la impresionante actividad electoral desplegada por Santa María, el congresista conservador y hombre de leyes señaló que el sucesor de Pinto recorrió en 1881 las provincias del sur de Chile con la violencia de una «locomotora». En su camino imparable a la presidencia de la república, el candidato del oficialismo utilizó los fondos fiscales para alentar a sus partidarios, repartir promesas y prodigar halagos, dotando de un tono inédito a la «intervención gubernativa». Porque ni en los peores años de la administración Montt, opinaba Walker Martínez, Chile había conocido un comportamiento tan abiertamente agresivo para obtener el poder. La orden de falsificar las calificaciones con el propósito de que el futuro presidente gobernase sin el control de los partidos se hizo ante la vista y paciencia de la administración de la cual Santa María formó parte. Y es que el delfín de Pinto entendía el régimen popular representativo como el acto de falsificar actas, robar registros, sablear electores, plagiar a los mayores contribuyentes y, lo que era aun peor, poner los dineros fiscales al servicio de «las malas pasiones» (Walker Martínez, 1888-1889, p. 25)701. Se podrá argumentar que debido a que el general Baquedano, candidato de Walker Martínez a la presidencia de la república, fue desplazado por la sofisticada maquinaria montada por Santa María su testimonio es parcializado. Es por ello que las impresiones de José Francisco Vergara, quien participó activamente en la campaña electoral del sucesor de Pinto, permiten conocer mejor el voluntarismo del hombre que con la ayuda de Patricio Lynch y Jovino Novoa logró que el general Iglesias estampara su firma en el Tratado de Ancón. Arrepentido de su apoyo incondicional a Santa María, Vergara denunció, bajo el seudónimo de «Severo Perpena», el estilo ultra pragmático que el otrora defensor de la libertad electoral impuso en Chile. Fue su «naturalismo» aplicado a la política lo que tiró por la borda todos los ideales por los cuales los liberales lucharon en la década de 1850. En su escrito Vergara dio cuenta no solo del fin de la utopía liberal sino evidenció el encumbramiento de un darwinismo social 360
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx