recientemente incorporados debían permanecer ocupados hasta la cancelación de la indemnización de guerra. El juicio de Altamirano era lapidario: el Estado de Chile tendría que acostumbrarse a mirar la ocupación con un criterio firme y siguiendo un camino invariable696. Eulogio Altamirano Mientras Altamirano trataba de contener en Lima el conflicto interno, imaginando además un escenario post Chorrillos y Miraflores, en Chile se estaba desarrollando el proceso electoral que encumbró a Domingo Santa María a la presidencia de la república697. Tanto Carlos Walker Martínez como José Francisco Vergara nos brindan valiosa información sobre la trayectoria política del hombre cuyo mayor desafío fue cobrar la indemnización de guerra que debía guardar una absoluta «proporción con los males causados» a Chile y con la sangre derramada por sus héroes698. No es posible comprender el largo proceso de la ocupación del Perú y la manera en que Santa María fue sorteando los obstáculos que iremos analizando a lo largo de este capítulo si no hacemos un esfuerzo por entender la personalidad de uno de los operadores políticos más hábiles y más controvertidos que ha producido Chile. A diferencia de su antecesor, a Santa María no lo acompañó la sombra benefactora de un padre presidente. El otrora deportado de Montt, quien con el correr del tiempo se transformó en el más diestro suplantador de la voluntad popular, se fue construyendo, tal como su posterior mentor Antonio Varas, palmo a palmo699. La mejor definición de ese hombre de leyes que en sus años juveniles escribió libros de historia y cuya vida sintetiza la profunda mutación ideológica y programática del liberalismo inaugurado por Lastarria nos la ha dejado él mismo. Respondiendo a Pedro Pablo Figueroa —destacado periodista y 359
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