político y confidente de Montt dio inicio a su carrera parlamentaria. Primero en la diputación de Chillán, siguiendo luego la de Cauquenes (1846-1849). Es durante este período que Varas saldrá elegido vicepresidente de la Cámara de Diputados, ejerciendo entre 1852-1855 la diputación de Curicó y para el período que corre entre 1858-1861 la de Talca. En 1861 sus partidarios lo proclamaron candidato a la presidencia de la república, postulación que rechazó. En la década de 1860 el fundador del Partido Nacional representó a Cauquenes, Santiago y Elqui en la Cámara de Diputados y entre 1873-1876 fue elegido por Talca. Por esta región sirvió como senador para el período 1876-1879 y entre 1879-1882 y 1882-1888 por la de Coquimbo. En tres ocasiones Varas fue elegido presidente de la Cámara de Senadores: el 4 de julio de 1881, el 2 de junio de 1882 y el 3 de junio de 1885, una alta función que ejerció hasta su fallecimiento en 1886. Cuando Varas aceptó presidir el segundo gabinete de guerra de Pinto, el sobreviviente de innumerables combates políticos era absolutamente consciente de la tarea que le esperaba. «Me veo lanzado», le confesó a Eulogio Altamirano, «a una vida y a negocios tan distintos de los que hace poco me ocupaban»; a «circunstancias y hechos tan diversos» lo cual le hacía difícil «determinar la línea de conducta» a seguir (Varas, 1918, p. 107). Aparte de verse forzado a operar en la más áspera de las contingencias, el hombre que conoció mejor que nadie todos los vericuetos de la política nacional manifestó su frustración por el desprestigio de la república a la cual sirvió con lealtad durante más de cuarenta años. Hacia 1879 Chile no gozaba ya entre sus vecinos de «la consideración y respeto» que, según escribe Varas a Rafael Vial el 21 de enero de 1879, había ostentado en el pasado. Su «situación muy menguada» a nivel internacional era la causa directa de que «hasta Bolivia» se atreviera a atropellarlo (Varas, 1918, p. 9). No cabe la menor duda de que Antonio Varas vivió la guerra con gran intensidad. A diferencia de Altamirano, quien señalaba en una misiva a Varas, el 27 de mayo de 1879 (p. 107), que en una situación de conflicto bélico era necesario «domesticar los nervios» y acostumbrarse a recibir las buenas y las malas noticias, la mano derecha de Montt confesó ponerse «bilioso y nervioso» cada vez que algo se salía del plan original42. El «desaliento desconsolador» que respecto al porvenir bélico de su país decía sentir, debe ser explicado a partir del profundo conocimiento que el tantas veces ministro tuvo de la complicada política chilena. La raíz del problema, de acuerdo a su acertado análisis, radicaba 36
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