viejo» —como fueron los casos del veterano Antonio Varas y de su copartidario Rafael Sotomayor— junto con la audacia, el voluntarismo y el pragmatismo propios del liberalismo triunfante que Domingo Santa María corporizó a cabalidad39. Así, los antiguos enemigos de antaño, nacionales y liberales, colaboraron en el fortalecimiento de la infraestructura organizacional sobre la que descansó el Estado guerrero. El plan maestro para operar en los diferentes niveles que la guerra requería fue elaborado, como veremos más adelante, por el gabinete presidido por Varas. Mano derecha de Manuel Montt en sus dos gobiernos, ideólogo del partido monttvarista que será conocido posteriormente como Nacional y ministro del Interior a inicios del conflicto contra Bolivia y Perú, Varas era a sus 62 años el hombre más experimentado y mejor imbuido de aquella mística funcionaria tan necesaria para echar a andar la compleja maquinaria bélica. En ese sentido resulta muy significativa la carta que Santa María le escribió a escasos meses de la declaratoria. Ante la gravedad de la situación que vivía la república, el ministro se negaba a tomar decisión alguna «sin conocer todo el pensamiento» de aquel que en el pasado fue, paradójicamente, un implacable adversario40. La interesante alianza anterior que se consolidó, qué duda cabe, en plena guerra fue analizada unos años después por Carlos Walker Martínez. En un libro sumamente controversial sobre la administración Santa María, Walker Martínez evidenció el extraño matrimonio de conveniencia entre el revolucionario de 1859 y el omnipotente ministro que ordenó su deportación. Así, tanto la víctima, Santa María, y su antiguo verdugo, Varas, se abrazaron y llegaron a una convivencia que Walker Martínez no pudo comprender (Walker Martínez, 1888-1889, p. 7)41. La experiencia política de Varas era en verdad invalorable y Santa María lo entendió muy bien. profesor de Filosofía, inspector de alumnos externos, vicerrector y posterior rector del Instituto Nacional, su vida de servicio público comenzó en 1845 en el Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción al lado de Manuel Montt. Cuando este fue elegido en 1851 presidente de la república, Varas fue nombrado ministro del Interior y de Relaciones Exteriores. Durante ese período también se desempeñó en la cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública como ministro interino y subrogante; en la de Hacienda, como subrogante; y en la de Guerra y Marina como interino. En 1860, antes de terminar su segundo período, Varas fue convocado nuevamente para desempeñar el Ministerio del Interior y Relaciones Exteriores. Entre 1842-1846, el amigo, compañero 35
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