Guerreros civilizadores

El escaso conocimiento sobre una realidad política tan compleja como la peruana creó falsas expectativas entre los expedicionarios. Para el oficial del batallón Coquimbo, Luis Larraín, quien murió como consecuencia de las heridas recibidas en la batalla de Miraflores, la jornada sobre Lima era la última y por consiguiente ella marcaría el fin de la guerra (Larraín Mira, 2000, p. 179). En medio de una corriente triunfalista que trastocó la vida cotidiana de cada intendencia, provincia y pueblo de Chile, enero se convirtió en un mes fetiche. En enero ocurrieron las batallas de Buin, Yungay, Chorrillos y Miraflores y era muy probable que en ese mismo mes los vencedores recibieran por correo el acta de capitulación de los peruanos. Mientras ella llegaba, los oficiales del ejército expedicionario y sus asesores se dedicaron a merodear por las calles de la antigua capital virreinal, brindaron con champaña en los salones del hotel Maury y se admiraron de la belleza de los jardines del Palacio de la Exposición. Ello no debe sorprendernos: Lima era la «tierra prometida» donde se premiarían todos los grandes sacrificios efectuados en aras de la patria. Era por ello que «el eco de las campanadas» de una de sus iglesias coloniales «repercutió de modo eléctrico en los corazones» de los miles de milicianos que, como en el caso de Florentino Salinas, descubrieron por primera vez a «la misteriosa hada del Rímac»680. De lo que tal vez no se percataron los expedicionarios fue del terror que invadió a los limeños luego de conocerse la derrota nacional en Miraflores. Entre la mañana del 17 de enero y el atardecer de ese mismo día llegaron cientos de refugiados a conventos, colegios y consulados. Lastenia Larriva, quien años después recordaría el instante cuando recibió la noticia sobre el arribo de los chilenos a las puertas de su hogar, cuenta cómo ella y su familia buscaron asilo en el colegio Belén681. En este lugar, aparentemente resguardado por la bandera francesa, Larriva recibió dos noticias que la conmovieron profundamente: una de ellas fue «el desastre de la patria» y el otro la muerte de su esposo, quien junto a su hermano y su cuñado cayeron peleando en Miraflores. A partir de ese momento Larriva y su hermana lucieron las tocas de viudas682. Lo ocurrido en Chorrillos terminó por derribar el mito de la aparente superioridad moral de Chile, conmocionando a una población sumida en el espanto más absoluto. Hay que recordar que luego de la batalla de Chorrillos el delirium tremens se apoderó de cientos de soldados chilenos. Esta situación, bastante similar a la ocurrida en Mollendo, intimidó a los generales, los jefes y oficiales, quienes se vieron amenazados de muerte 354

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