enraizada en el Perú como fue la guerra de guerrillas, posibilitó al general Andrés Avelino Cáceres liderar la resistencia. Así, la «teoría» que debieron aprender más bien los jerarcas chilenos no fue la de la imposición inmediata del fuerte sobre el débil. Muy por el contrario, el mayor desafío de Pinto y Santa María fue entender la lógica de una guerra de posiciones en la que participaban una multitud de actores —comicios, municipalidades, prefectos y gobernadores— que contaba con un libreto ideológico —los pronunciamientos— y además requería de una logística que se nutría de los recursos extraídos a los pueblos en armas678. La caída de Lima a manos del ejército de ocupación determinó una forzada y necesaria redistribución del poder político en el Perú. La situación anterior no fue un asunto meramente circunstancial. La resistencia de los poderes regionales a los afanes centralistas limeños fue una constante en la vida política peruana. Esta situación, negativa para la consolidación de un proyecto nacional fue en cambio favorable en la nueva coyuntura de resistencia militar al invasor. Los comentarios del general Cáceres, principal artífice de la resistencia serrana, muestran la manera como fue percibido el recambio del eje político al interior del país. La toma de Lima por los chilenos no entrañaba el completo aniquilamiento del poder militar del Perú, ni mucho menos la decisión de la guerra por la fuerza de las armas, porque «aún quedaban recursos, territorios y energías para continuarla» (Cáceres, 1973, p. 97). En el contexto de la ocupación de Lima por fuerzas extranjeras, la resistencia regional se convirtió así en una necesidad a todas luces ineludible. Si bien es cierto que las fuerzas expedicionarias comandada en un primer momento por el general Baquedano capturaron el aparato estatal peruano cuya sede central radicaba en Palacio de Gobierno, el poder político peruano se «descentralizó» refluyendo a sus tradicionales núcleos regionales. La nueva configuración del poder, norte, centro, sur y el minúsculo reducto limeño de la Magdalena, recreó la división política que había marcado, por muchos años, la historia peruana; agregando, además, a un nuevo personaje. En efecto, el Estado chileno representado por sus vanguardias político-militares puede ser considerado como un contendor más en la pugna por el control del Perú679. Por otro lado, la estrategia para alcanzar la paz ideada por Luis Milón Duarte en Concepción, de la cual nos ocuparemos más adelante, provino del autonomismo municipal, una tradición política que ayudó a construir la resistencia, pero también contribuyó a la rendición final del Perú en Ancón. 353
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx