1879 miles de chilenos y chilenas ingresaron ilusionados al tempo apasionante y a la vez incierto de una guerra internacional37. Antes de conquistar los frutos de una victoria cuya consecución causó grandes expectativas, pero también una enorme ansiedad, debieron resolverse una infinidad de problemas provocados por la naturaleza incierta de un conflicto armado internacional y por la inocultable debilidad del conglomerado político que tuvo que enfrentarla. Para ganar una guerra de la dimensión colosal de la del Pacífico, fue necesario contar con un núcleo de poder capaz de canalizar y dar rumbo a esa enorme energía desperdigada a lo largo y ancho del país. De aquella labor formidable por los diversos y múltiples planos en los que debía operar el gobierno y por el sinnúmero de actores involucrados en el proceso dio cuenta uno de los editoriales que publicó El Ferrocarril a escasos días de la declaratoria de guerra al Perú. El encargado de la nota mencionaba que el gobierno de Pinto no solo estaba obligado a «improvisar» un ejército con el enemigo al frente, así como contar con personal y disciplina sino —lo que era más grave y delicado— debía satisfacer múltiples demandas. El solo trasporte de las tropas exigía una administración especial, económica y previsora que sacara partido de los recursos y que tuviera a la mano «los mil elementos necesarios para que la acción militar» correspondiera a las nuevas demandas del país. Sin embargo, lo más grave era el vasto y complicado mecanismo económico que exigía la movilización fuera del país de una armada y de un ejército en campaña. Una responsabilidad que les competía a los hombres de Estado. Porque tal como lo probó la guerra franco-prusiana, el éxito en un conflicto bélico no dependía solo del valor militar sino que respondía a la iniciativa de una «administración económica» capaz de mantener al ejército en pie de movilidad, de alimentación y de higiene. Ello sin olvidar «las peripecias mismas de la campaña y las necesidades de la estrategia». En breve, el ejército expedicionario dependía de un «mecanismo administrativo» eficaz. Su ausencia, recordaba la nota, fue la causa directa de la derrota del ejército francés a manos de la «superioridad irresistible» de las vanguardias alemanas38. El acto de cohesionar en un solo frente a una constelación de actores diversos con el único objetivo de doblegar al enemigo externo fue una tarea titánica. Es por ello que en el puente de mando que se instaló en La Moneda fue imprescindible combinar la experiencia política, acumulada a lo largo de varias décadas, por los representantes preclaros de «Chile 34
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