Guerreros civilizadores

consistía en 1) La destrucción de las vías férreas de Arequipa y Oroya, 2) El hostigamiento a los rebeldes enemigos de la paz hasta reducirlos a la impotencia y 3) La organización de la ocupación militar de modo que produjera a Chile «todo el fruto que sea dable». De lo que se trataba, en realidad, era de hacer sentir al «pueblo indolente» del Perú la urgencia de una paz inmediata. Porque lo que Chile realmente deseaba no era quedarse eternamente en Lima, sino más bien organizar los territorios que debían anexársele para que sus moradores disfrutasen finalmente de todos los beneficios que gozaban los «súbditos de una nación honrada y progresista»665. Por ser un evento sin precedentes en la historia política y militar del siglo XIX, la ocupación del territorio peruano (1881-1884) fue vista con preocupación por La Moneda. Si en algún momento los directores de la guerra pensaron que la toma de Lima aceleraría la paz, la experiencia mostró todo lo contrario. El interior del Perú, opinaba Pinto, no estaba sometido a las armas chilenas. Los habitantes de esa zona, geográficamente separada y sin cohesión alguna, estaba formada por una masa indígena que vivía al margen de todo lo que ocurría en el país. Dentro de esta situación, resultaba materialmente imposible reunir a miles de vencidos alrededor de un caudillo que quisiera hacer la paz «representando de algún modo» a todo el Perú666. «Mientras haya en el Perú más de un caudillo con pocos o muchos elementos de resistencia, no veo con quién pudiéramos tratar». El arreglo estipulado con uno, le escribió Jovino Novoa al presidente Domingo Santa María, sería indudablemente desconocido por el otro. Ante una circunstancia que condenaba a Chile a quedarse en el Perú por tiempo indeterminado, Novoa propuso «crear» un caudillo que suscribiese la paz, a su entender «la solución final» de la guerra (Bulnes, 1919, III, p. 187)667. Antes de incorporar un territorio cuya posesión era vital para el despegue económico de Chile, sus vanguardias político militares debieron resolver un problema fundamental. La salida del entrampamiento en el que se encontraban los vencedores de Lima por la ausencia de un ente político con el cual negociar la paz era promover una representación nacional favorable a sus intereses económicos. Para resolver este problema, que no era militar sino esencialmente político, fue preciso derrotar diplomáticamente a los Estados Unidos, penetrar los Andes y además aventurarse por los vericuetos de la compleja política peruana. 349

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx