Guerreros civilizadores

piezas de artillería, evitando las largas esperas y los costos asociados al envío o recepción de artículos hacia o desde Valparaíso. Nombrado comandante de ingenieros militares, vistió uniforme y con su velero llevado a remolque siguió al convoy de la expedición a Pisagua. En la caleta de Junín anotó también un acierto al proveer de agua a las fuerzas de desembarco de Lynch luego de refaccionar los estanques y cañerías destruidos por los aliados. La fama de la que gozó Stuven también tuvo que ver con su inigualable habilidad en el campo de los explosivos y las telecomunicaciones. Su inventiva en esta materia no dejó a nadie indiferente. Con dos locomotoras destartaladas que encontró y reacondicionó en la estación de Pacocha, por ejemplo, fue capaz de armar el par de trenes que transportó a los quinientos expedicionarios del regimiento Lautaro y sus dos cañones volantes. Con la misma facilidad con que reparaba y utilizaba los ferrocarriles del enemigo, los descomponía para que este no pudiera servirse de ellos. Así lo hizo en la localidad de Pacocha al volver del interior, llevándose las piezas vitales de las máquinas y los frenos de los vagones. Otro episodio de antología ocurrió al entrar al puente de Moquegua a raíz del combate de Los Ángeles, cuando su ojo avizor divisó desde lejos unos bultos sospechosos colocados en la armazón metálica del viaducto. La oportuna orden de detener la máquina evitó una catástrofe y salvó la vida de todos los pasajeros, entre los que estaban el ministro Sotomayor, el comandante Riveros y los generales Escala y Baquedano647. Ya en campaña, la primera misión de Stuven fue tomar posesión del ferrocarril y telégrafo de Chimbote. Aun cuando solo logró apoderarse de las locomotoras y de las maestranzas —los peruanos habían puesto a buen recaudo las máquinas telegráficas y los archivos de la Oficina de Correos — lo poco que encontró en la estación de ferrocarriles bastó para su talento. Una máquina grande y una pequeña en regular estado de servicio fueron los insumos con los que logró transportar a Lynch y a su comitiva de más de cuatrocientos hombres a la hacienda Palo Seco. En las jornadas siguientes, entre el 11 y el 13 de setiembre, se encargó de acopiar toda el azúcar ensacada tanto en Palo Seco como en Vinzos. Y mientras realizaba esa tarea se le solicitó que volara con dinamita toda la maquinaria de la hacienda de Derteano. 332

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