Guerreros civilizadores

La poderosa tesis de la superioridad de la civilización chilena —más trabajadora, ordenada y disciplinada que la de sus atrasados vecinos— que aparece una y otra vez a lo largo de los miles de documentos públicos y privados que se redactan en el curso de la guerra, permite entender el relativo optimismo que cundió tanto entre las élites como en los sectores populares, respecto a lo que se ve como un merecido triunfo nacional. La victoria de «la civilización sobre la barbarie» obraría en el «prestigio» internacional de la ex capitanía general y su «palabra» adquiriría «importancia» entre «la humanidad civilizada». Lo que se jugaba en la guerra, entre otras cosas, era el renombre de Chile y su importancia futura en el concierto de naciones629. Aparte de defender esa guerra civilizatoria que Chile creía estar peleando en su frontera norte, los periódicos publicados en Iquique también intentaron colaborar con la buena marcha administrativa del territorio ocupado. Así se declaraba en las páginas de El Veintiuno de Mayo, interesado en «analizar los actos de todos los ramos de la administración local» para aconsejar sobre las reformas que se considerasen convenientes para la localidad630. No obstante, en algunas ocasiones o a partir de ciertos temas, este propósito terminó siendo más una fuente de problemas que de soluciones. Las opiniones en torno al tema de la ocupación constituyen un buen ejemplo de ello. En el editorial «Siempre adelante», publicado en La Voz Chilena, el autor se mostraba convencido de que no era posible posponer la inclinación de la balanza en lo que a su juicio era problema más gravitante de la guerra: «la anexión a Chile del departamento de Tarapacá, sancionada por una Ley del Congreso». Formulando el dilema en términos todavía más simples —«¿Tarapacá chileno o Tarapacá en status quo?»— el editorialista invitaba a dilucidar el asunto apelando al «derecho de la guerra, al derecho internacional» y a «las conveniencias sociales, políticas e industriales». Por supuesto, en esta tarea eminentemente patriótica de impulsar la anexión debía participar toda la prensa de Chile. Solo después de ese paso sería posible crear una verdadera «sociabilidad» chilena en Tarapacá631. En esa misma línea, el editorialista de El Veintiuno de Mayo, Ramón Pacheco, apuntaba que Tarapacá podía convertirse en una «hermana legítima» de las provincias del sur» una vez consumada la anexión. Y aun cuando los obreros y el taller se encontraban preparados para tan magno acontecimiento, «la insensatez del Perú» era el principal problema632. Para otros, sin embargo, no pocos obstáculos derivaban de la ineptitud con que operaban algunas autoridades de gobierno. En el artículo 327

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