Dos días después, el capitán de navío convocaba a todos los cónsules y principales vecinos de Iquique con la finalidad de organizar el servicio municipal del puerto nortino. En dicha reunión, celebrada en el local de la Gobernación, se acordó nombrar una junta de vecinos encargada de velar por la seguridad de los habitantes, el ornato de la ciudad, la salubridad de su población y el fomento del comercio. Al día siguiente se expidieron varios decretos, firmados por Lynch, en los que se nombraba un capitán de puerto, un comandante de resguardo y diferentes empleados de comisaría y aduana. No podía ser de otra manera, la autoridad chilena liberó de impuestos a todos sus productos que se internaban por los puertos de Iquique y Pisagua (p. 481). Cada uno de los documentos evacuados por la jefatura política de Tarapacá refleja la intensa actividad que rodeó los primeros meses de la administración Lynch. El ensanche de plazas y calles, la construcción del mercado y la cárcel, los planos y presupuestos formados para la construcción del cuartel de policía y de una escuela superior de niñas eran obras que, de acuerdo a Francisco Valdés Vergara, bastaban para manifestar el celo administrativo del marino así como el de la junta municipal por él organizada616. La seguridad y la mejora de las comunicaciones también fueron parte de la agenda gubernativa de las autoridades del puerto. Según un decreto de febrero de 1880 firmado por el presidente Pinto, el cuerpo de policía de la zona ocupada estaría formado por ochenta hombres, correspondiéndoles un salario de 522 pesos mensuales cubierto gracias a los arbitrios municipales617. Marco Valenzuela, por su parte, otro de los tantos burócratas que sirvió al Estado chileno en Iquique, nos ha dejado una copiosa documentación a través de la cual es posible rastrear su labor como administrador de la Oficina de Correos. Según el funcionario, Iquique estaba destinado a ser en el futuro «el centro obligado de grandes operaciones mercantiles» y era por ello que la ciudad necesitaba una oficina postal mejor que la peruana, «en la que causaba rubor despachar»618. Luego de dar una explicación detallada al ministro del Interior sobre la manera en que operaba la repartición bajo su cargo, el diligente administrador sugería establecer un servicio más frecuente con Antofagasta y la contratación de más empleados, esto último debido al aumento considerable de la población en Iquique y los eventuales incrementos que podían producirse tras las campañas de Tacna y Arica619. Similar opinión defendió el editorialista de El Veintiuno de Mayo, para quien una nación sin «medios rápidos de comunicarse» podía detener el 324
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