Guerreros civilizadores

interno». Cobija le debía a Ponce, afirmaba, el aseo de sus barrios, la extinción de sus muladares, la lucha contra la viruela y la construcción del lazareto de la ciudad610. La documentación enviada por este funcionario ofrece asimismo una interesante radiografía al tipo de argumentos con el que estas autoridades sostenían su derecho a intervenir e incluso ejercer cierto tipo de control sobre otras provincias del litoral. Basándose en la posición política de Cobija durante la administración boliviana, por ejemplo, Vargas consideraba que solo la provincia bajo su mando era la llamada a ocupar la cabecera de la Gobernación. Esta solicitud se explicaba por el hecho de que Cobija contaba con más recursos y caletas que Tocopilla, antecedente que por sí solo la elevaba a la condición de puerto comercial de primer orden. A falta de otros argumentos, a lo anterior se podía agregar el «mineral del Inca» y las salitreras recientemente descubiertas; la posibilidad de internar carga proveniente del sur de Bolivia; su cercanía a Valparaíso, el eje comercial del Pacífico Sur; su almacén de Aduana, de lejos «mejor que el de Antofagasta y Tocopilla»; y, de nuevo, una posición hegemónica históricamente sustentada. Como última idea, el reconocimiento de esta condición incluso ahorraría dinero al fisco611. Para Alejandro Cañas Pinochet, en cambio, su mayor preocupación como gobernador de Pisagua, puerto peruano integrado a la red políticoadministrativa chilena tras la invasión del 2 de noviembre de 1879, era la división conveniente del departamento. En una interesante carta remitida al ministro del Interior narraba el «cúmulo de dificultades» que había enfrentado durante la realización de un trabajo de investigación territorial planificado de acuerdo a «la verdad, la exactitud y las reglas» exigidos por «la ciencia administrativa». Su celo como pesquisidor lo había llevado a recabar datos en regiones y quebradas aisladas, realizar muchas consultas y resumir todo en ese informe que enviaba a Santiago. Reconocía incluso haber confirmado personalmente muchos datos y referencias de terceros, trabajando en el campo mismo en el que aparecían «los tropiezos». ¿Cuáles tropiezos? La extensión de la zona, «los desiertos que en todas direcciones divisaba el ojo desde la cúspide de los cerros de la costa», lo poco conocidos que eran «esos lugares aún para los hijos de este país», en suma, todo lo que emergía como obstáculo para el afán estadístico que preludiaba al proyecto civilizador que intentaba defender. Cañas Pinochet, al igual que las otras autoridades cuyos informes hemos citado previamente, no perdió oportunidad para resaltar la importancia que 320

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx