que sostuvieron a los araucanos en su resistencia contra los europeos habían reaparecido en el soldado que peleó contra Bolivia y el Perú (Medina, 1952, p. 318). Unos años después, el historiador Francisco Antonio Encina reforzó la idea de que la victoria de Chile sobre sus adversarios se debió en gran parte a la mezcla de sangre gótica española y araucana que existía en los soldados encargados de defender a la república. Este mestizaje, opinaba Encina, produjo en su país una raza con mayor vigor físico que todos los demás mestizos hispanoamericanos (Encina, 1954, II, p. 1420; III, p. 48). En un trabajo reciente Bernardo Subercaseaux ha recordado que fue Nicolás Palacios, un antiguo combatiente de la Guerra del Pacífico, quien acuñó el concepto de «raza chilena» (Subercaseaux, 2010, I, pp. 72-79). Los elementos biológicos, psíquicos, culturales y sociales que caracterizarían a los habitantes de Chile fueron discutidos por Palacios en una suerte de tratado que fue publicado en 1904 con el título de Raza chilena: libro escrito por un chileno y para los chilenos (1904). Sin dejar de lado que el concepto utilizado por el sobreviviente de la batalla de Tacna fue a todas luces una invención intelectual, Subercaseaux llama la atención sobre la noción de homogeneidad que nutre la visión de Palacios, quien se cree estuvo influenciado por las ideas de Gustave Le Bon. Opinamos que los rasgos adscritos a «la raza chilena» por Palacios, entre ellos, la valentía, el sentido guerrero, la sobriedad, el amor a la patria, la moralidad doméstica, el rechazo de los afeites, el carácter parco, el predominio de la sicología patriarcal sobre los femenino caótico son producto de la disputa ideológica que en clave republicana Chile sostuvo, en medio de la guerra, con sus adversarios. Es por ello que sostenemos que los orígenes de la categoría «raza chilena», íntimamente asociada a nociones de civilización y de masculinidad, estarían más cercanos al debate inaugurado en Chile a raíz de la Guerra del Pacifico y a la expansión fronteriza que ella desencadenó que a las influencia de pensadores extranjeros como es el caso de Le Bon. La necesidad de justificar una guerra, duramente cuestionada por la opinión pública mundial, colaboró en la construcción de un frente ideológico en el cual lo civilizado, lo masculino y lo racialmente homogéneo fueron factores predominantes frente a la heterogeneidad, el atraso y el caos que supuestamente reinaban en Bolivia y en el Perú, en especial en la zona fronteriza601. 315
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