Guerreros civilizadores

pesar de no estar «legalmente autorizado para avanzar tropa al norte del grado 23» de todas formas lo haría, pues consideraba necesario atacar la resistencia boliviana que se preparaba en Calama y en Loa. Relató además la difícil situación que atravesaba «la gran población chilena» residente en Iquique, motivo por el cual sugería traer a esos compatriotas a Antofagasta mandando buques de la escuadra o bien dándoles pasajes en vapores comerciales. El ministro hizo también saber al presidente que la «posición estratégica» de los bolivianos era Calama y que aunque resultaba imprescindible tomarla, se debía tener conciencia de que ese acto podría acarrear serias consecuencias para Chile. Lanzar tropas al desierto parecía complicado especialmente en un momento en que no era recomendable jugar con «la fortuna». Los políticos en Santiago también mostraron sus dudas sobre el proceder apresurado de La Moneda. En la sesión secreta del Senado del 22 de marzo de 1879, Benjamín Vicuña Mackenna sostuvo que el gobierno de Pinto había obrado «con precipitación» al ordenar la ocupación del litoral boliviano. En su opinión, el mandatario no debía haber procedido de esa forma siguiendo «un telegrama poco explícito y sin haber convocado primeramente al Consejo de Estado, ni comunicado su propósito al Gobierno del Perú y en general a gobiernos amigos». A pesar del criticable comportamiento, los sucesos posteriores habían dado la razón al gobierno y por ello el país había aplaudido un procedimiento que el senador de Coquimbo describió como «irregular»592. Lo que quedaba muy claro es que la maquinaria militar montada en Valparaíso no podía permanecer en la inacción, menos aún cuando existían insumos, espacios de autonomía e ingresos disponibles para continuar con la expansión territorial. La importancia del telégrafo para el abastecimiento militar y la relativa autonomía de las vanguardias estatales —que le costaban al erario nacional un aproximado de 90 000 pesos mensuales— se hacen evidentes cuando el ministro de Guerra, Cornelio Saavedra, informa al mismísimo presidente de la república respecto de un pedido directo de «tres millones de cartuchos de bala para fusil Comblain» hecho por telégrafo, desde Antofagasta, a la legación chilena en París593. III. EL APARATO POLÍTICO E IDEOLÓGICO DE LA OCUPACIÓN Mientras los militares protegían la zona recientemente adquirida, los batallones cívicos iniciaban sus ejercicios semanales y las «peonadas» procedentes de Iquique incrementaban el número de efectivos del ejército, 311

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