Guerreros civilizadores

esperar respuesta a su ultimátum, cien hombres del batallón de Marina y cien artilleros desembarcaron en territorio boliviano. Una vez tomada la ciudad, Sotomayor recibió contestación de Zapata, quien antes de asilarse en el consulado peruano protestó airadamente por un acto que describió como una «bofetada» a la nación que él representaba. Su actitud es entendible si se tiene en consideración que mientras los soldados chilenos desfilaban en dirección a la Plaza Colón, algunos exaltados se dirigieron a la Prefectura para arrancar el escudo de Bolivia e izar, en su reemplazo, el pabellón chileno. Luego de hacer efectiva la posesión, Sotomayor promulgó un bando mediante el cual se reconocía como gobernador del territorio «reivindicado» a Nicanor Zenteno, quien fue inmediatamente instalado en su puesto. Acto seguido, el comando político-militar procedió al nombramiento de las demás autoridades administrativas con el objeto de dejar establecido el orden gubernativo conforme a las instituciones chilenas587. Con la finalidad de «dar unidad al mando» del flamante gobernador y para conjurar eventuales ataques, Sotomayor hizo marchar en dirección a Caracoles y Salar del Carmen al capitán Francisco Carvallo con setenta individuos de tropa. Paralelamente, la corbeta O’Higgins recibió la orden de zarpar a Mejillones, mientras el Blanco Encalada lo hacía rumbo a Tocopilla y Cobija, con el fin de brindar «protección» a los chilenos y vigilar el litoral588. Caracoles fue ocupado el 16 de febrero. Por decreto de la Gobernación de Antofagasta se nombró de inmediato un subdelegado, un comandante de policía que estaría a cargo de un cuerpo de doce hombres, y un jefe de oficina de correos. A los pocos días de instalado en su puesto, el subdelegado E. Villegas se afanó en la tarea de levantar un censo de población, cuyos resultados fueron enviados a la respectiva Gobernación junto con los archivos públicos formados durante la administración boliviana. Por orden de la autoridad militar, la línea telegráfica que conectaba esta zona con Salinas fue prolongada hasta Antofagasta y, más adelante, con la erogación del vecindario, la comunicación abarcó los pueblos de Calama y Atacama. Si bien las tres escuelas que los expedicionarios encontraron siguieron funcionando con regularidad, la iglesia fue cerrada tras la llegada de las tropas. En marzo se nombró un médico a cuyo esfuerzo se debió, de acuerdo al subdelegado, la «desaparición de los curanderos» que vivían en la comarca. Cuatro meses más tarde ya había un notario especial de minas. En términos económicos, por último, y debido a que las entradas de la subdelegación no parecían 307

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