II. ENTRE ANTOFAGASTA E IQUIQUE Antofagasta e Iquique constituyeron los dos primeros estadios de experimentación para ese Estado que a partir de 1879 adquirió una naturaleza itinerante y un discurso fundamentalmente civilizatorio. En este sentido, ambas ciudades funcionarán como campos de prueba para las también debutantes avanzadas que, desde este punto, irán ajustando prácticas, tanteando límites y acumulando experiencia. Este inédito sistema ya estaba en marcha hacia el 16 de febrero de 1879, cuando un corresponsal de El Ferrocarril de Santiago comunicaba a sus lectores que solo un par de jornadas antes la Escuadra chilena había desembarcado en la playa de Antofagasta, muy temprano, sin enfrentar resistencia. Nicanor Zenteno, quien en cuestión de horas paso de ser cónsul de Chile en Bolivia a gobernador interino de la zona «reivindicada», envió el siguiente telegrama a su gobierno: «Antofagasta ocupada hoy por nuestras fuerzas sin resistencias ni desgracias; hoy ocuparemos Caracoles y Mejillones. Los bolivianos bien tratados y garantidos. Nombro personal para el servicio más urgente. La alegría de los chilenos es inmensa»586. No era para menos. El desembarco de los doscientos hombres que llegaron a bordo del Cochrane coincidió con la fecha decretada por el presidente Hilarión Daza para el remate de los bienes de la Compañía Salitrera y FF.CC. de Antofagasta, de propiedad de empresarios chilenos. Días antes le había correspondido al mismo Zenteno describir el «estado de sorda agitación» que reinaba entre sus conciudadanos residentes en esa ciudad. Era imposible, opinaba el futuro gobernador, que los dos mil empleados de la compañía salitrera se mantuvieran al margen de semejante acto de «depredación» por parte de los bolivianos (Ortega, 2005, p. 444). El encargado de ejecutar la operación anfibia fue Emilio Sotomayor, comandante en jefe de las fuerzas de operaciones sobre litoral boliviano. En su oficio presentado al gobierno, el director de la primera avanzada narró con lujo de detalles lo acaecido aquel 14 de febrero en el Pacífico Sur. Fue a las seis de la mañana de ese día de verano que el blindado Cochrane fondeó frente a las costas de Antofagasta. Su comandante procedió de inmediato a establecer contacto, a través de un emisario, con el prefecto boliviano Severino Zapata. El mensaje era simple y directo: como consecuencia de la ruptura, por parte de Bolivia, del tratado del 6 de agosto de 1874, él venía a tomar en nombre de su gobierno los territorios comprendidos en el grado 23. Alrededor de las ocho de la mañana y sin 306
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