Guerreros civilizadores

los que terminaron imponiendo al Estado chileno los ritmos, dinámicas e incluso los procedimientos apropiados para verificar su despliegue en territorio extranjero. En este sentido, el problema no se agota en la mera descripción de la llegada de esas vanguardias militares que preparaban el terreno, generalmente a través de la violencia, para el establecimiento de una nueva estructura burocrática, y tampoco en la integración —vía telégrafo— de las zonas ocupadas a los circuitos políticos, militares y económicos del resto del país. Sin desmerecer lo anterior, entender esas tres etapas nos impone seguir la pista a esa suerte de administradores circunstanciales de ese Estado itinerante, como fue el chileno, durante el lapso 1879-1884. Nos exige conocer de primera mano a esos representantes in situ, que en definitiva eran quienes establecían los acuerdos tácitos con las fuerzas económicas, especialmente las extranjeras, en los territorios incorporados. En otras palabras, aunque la reivindicación y la ocupación del territorio limítrofe hubiesen tenido lugar bajo la estricta supervisión de La Moneda, el comportamiento de sus avanzadas y el carácter específico de las estructuras montadas —como se puede observar en el caso de la expedición Lynch sobre la costa peruana— no seguirán jamás un patrón lineal. La ocupación y posterior absorción de nuevos territorios por parte de Chile fue una tarea ardua y compleja. Por un lado, el Estado debió lidiar e incluso transar con esas variables cuotas de autonomía y poder de que gozaron sus vanguardias debido a la ausencia de recursos, los conflictos entre los administradores de las diferentes provincias que empezaban a constituirse, la misma precariedad generada por la guerra y el limbo jurídico en el que permanecieron las zonas ocupadas, aun hasta después de la firma de los tratados de paz. Asimismo, deberá hacer frente al influyente protagonismo de la prensa, que jugará un papel importante en la coyuntura creando nuevos escenarios de conflicto que finalmente terminarán siendo atendidos por los mismos operadores del Estado. A todo esto se agrega la presión impuesta por la guerrilla cacerista, un tema que será analizado en el próximo capítulo, y el delicado frente constituido por las legaciones internacionales, que también demandarán la atención del Estado. Fue precisamente en el marco de ese largo y extenuante trabajo asociado al proceso de expansión territorial que comenzaron a delinearse las características de esta suerte de «república-imperio» sudamericana cuya interesante dinámica analizaremos a continuación. 305

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