Guerreros civilizadores

avanzada del ejército de Chile sobre el litoral boliviano, pilares que a su vez fueron consolidados gracias a la intervención de un aparato burocrático en simultánea expansión. En esta línea, el análisis de las etapas que jalonaron el avance territorial de aquella vanguardia cívico-militar constituye el primer paso para la comprensión de las importantes transformaciones experimentadas durante el conflicto por ese mismo Estado que la sostenía (Mc Evoy, 2006a). En síntesis, nuestra propuesta es entender la manera en que la expansión territorial prefigura la dinámica subyacente a la ocupación de Lima. Esta dinámica debía combinar perfectamente el orden, el sistema y el «cálculo» de un Estado que en todo momento se percibe como un agente civilizador de una frontera cuya posesión es crucial para el futuro económico y político de Chile577. I. FORTALECIENDO AL ESTADO DESDE LOS MÁRGENES Una atenta lectura de la correspondencia que el presidente Aníbal Pinto mantuvo con los burócratas y militares encargados de llevar adelante la guerra, nos revela en qué medida la operatividad del Estado chileno dependió estrechamente de la capacidad de sus vanguardias para avanzar y desplegarse sobre territorio enemigo con importantes grados de autonomía. Autonomía consentida —desde luego— por las autoridades de La Moneda578. De hecho, esta lógica fue puesta en evidencia por el mismo presidente Pinto en su mensaje de apertura del Congreso Nacional en 1880, cuando señaló que detrás del ejército habían marchado «constantemente» los burócratas del Estado «organizando y poniendo orden» en las zonas ocupadas (Ahumada, 1982, III-IV, p. 172). Bastó que los militares despejaran el camino de entrada a Antofagasta, la provincia de Tarapacá o los departamentos de la costa peruana, para que las burocracias irrumpieran replicando frenéticamente, casi sin mediar ordenanzas, los soportes institucionales pertinentes para un control efectivo. Pero más que una práctica vinculada estrictamente con el desarrollo de la guerra, este proceso de ordenamiento administrativo — iniciado con el traslado de un número importante de servidores del Estado a Valparaíso y continuado mediante el desplazamiento sostenido de sus agentes hacia el norte— formó parte de los intentos desplegados por el gobierno de Pinto para alcanzar ese grado de autonomía política que los atávicos arreglos políticos propios del núcleo geográfico original, el Valle Central, le negaban. Desde este punto, la guerra traerá consigo importantes 301

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