Guerreros civilizadores

favor de la elección de Pinto como presidente de la república: su reconocida capacidad administrativa. En efecto, cuando llegó al poder supremo el jefe de Estado ya había recorrido todos los vericuetos de la política chilena. Hijo de un presidente y casado con la hija de una leyenda viva, como lo fue José María de la Cruz, el denostado delfín llegaba a la primera magistratura sin habérselo propuesto pero cargado de una amplia experiencia en la administración pública y en el ejercicio parlamentario. Sin embargo, todos los años de servicio público —en lo que se incluye la Secretaría de la Legación chilena ante la Santa Sede (1845), la Diputación de Ovalle (1852), la de Parral (1855), la Intendencia de Concepción (18621872), una senaduría suplente (1871) y el Ministerio de Guerra y Marina (1871-1875)— no lograron preparar al discípulo de Andrés Bello para los inmensos desafíos que debió enfrentar durante su gestión presidencial. José Manuel Balmaceda, quien ocupó la legación en Argentina durante la Guerra del Pacífico y más tarde sucedió a Santa María en la presidencia de la república, afirmó en alguna ocasión que lo que salvó al gobierno de Pinto de una debacle segura fue el sangriento conflicto con sus vecinos. La violenta jornada eleccionaria de 1876 en las que el candidato oficial fue acusado de conformar «la farsa republicana» orquestada desde La Moneda, fue tan solo el preludio de la crispación política que caracterizó a su administración, a la que se le comparó con un charco de agua estancada capaz de envenenar con sus efluvios la vida de la nación entera22. Era por ello que un panfletario anónimo (1879) acusó a Pinto de ser «incapaz de ponerse a la altura de las circunstancias» y por ello solicitaba la presencia de un dictador para remplazarlo. La razón principal de esta radical solución, que contravenía los principios republicanos defendidos por Chile, era que esta nación «marchaba aceleradamente al precipicio» de la mano de su primer mandatario. La profunda crisis económica que Chile debió enfrentar en la década de 1870 se agudizó durante el mandato de Pinto23. Los embates de un clima inmisericorde, responsable de la ruina de la agricultura y de una hambruna generalizada, además del mal manejo diplomático de la cuestión limítrofe con Argentina, colocaron al sucesor de Errázuriz en el disparadero. En medio de una situación extremadamente delicada debido a la conjunción de elementos tan negativos para el país como fueron la sucesión de quiebras bancarias, la ausencia de liquidez monetaria, la caída de los precios del cobre y de la plata, una inflación desbocada, tormentas devastadoras en Santiago y en Concepción, sequías y una emigración de 30

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