Guerreros civilizadores

vanguardia cívico-militar chilena había decidido emprender al «corazón del Perú» (Barros Borgoño, 1886, p. 6). Más allá de las lecturas cuasi épicas o las interpretaciones estrictamente militares al uso, ese «viaje» no ha sido descifrado en su delicada complejidad ni en su insospechada significación para la historia de Chile. Aun cuando sus dimensiones castrenses y económicas han sido debatidas con suficiencia, no es mucho lo que sabemos sobre sus implicancias políticas, administrativas e ideológicas y tampoco en lo que se refiere a los entreverados puentes que vinculan dichas facetas. Los alcances podrían ir incluso más lejos si pensamos que los desafíos asociados al control de tan vasto espacio territorial, la variedad de actores involucrados, la sofisticada organización puesta en marcha, su ideología y, por qué no, la naturaleza de las negociaciones que condicionaron su desarrollo, hacen de la ocupación de Bolivia y posteriormente del Perú un acontecimiento inédito en la historia latinoamericana. Por el momento, sin embargo, basta con apuntar que Chile ingresó a un territorio absolutamente desconocido en febrero de 1881, cuando Eulogio Altamirano —en la certeza de que la paz con el enemigo era «imposible»— sugirió al presidente Aníbal Pinto la conveniencia de ocupar indefinidamente Lima, Callao y demás departamentos del Perú573. La propuesta de control que Altamirano presentó a La Moneda luego de la caída de Lima, tema del que nos ocuparemos en el último capítulo de este libro, delineó los fundamentos políticos e ideológicos de un sistema administrativo quizás convencional en su nomenclatura, pero tremendamente original en su articulación. De partida, la recomendación hecha por el plenipotenciario de guerra de que Pinto nombrase un gobernador general para el Perú, y que este fuera asistido por un grupo de funcionarios especializados, constituye mucho más que una mera réplica burocrática, toda vez que la llegada de las autoridades chilenas a territorio ocupado debía ser entendida como la expresión del «propósito» que tenían los vencedores de permanecer ahí por todo el tiempo que resultase necesario574. ¿Qué tenía en mente Altamirano cuando propuso a Aníbal Pinto ejercer control efectivo sobre territorio enemigo? ¿Cuáles son los antecedentes que explican la lógica puesta en práctica una vez decidida la ocupación de Lima y los departamentos de la costa peruana? ¿Qué referencias estaba considerando el asesor de La Moneda para plantear un desafío tan complejo como ese para un Estado relativamente joven y hasta cierto punto frágil como lo era el chileno? ¿Será posible definir la 298

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