CAPÍTULO 5. REFUNDAR LA REPÚBLICA EN LA FRONTERA «Desde el 14 de febrero de 1879 día en que principió esta guerra, que ha sido uno de los grandes acontecimientos actuales de la humanidad, nuestro querido tricolor ha ido avanzando hacia el Norte, cubriendo bajo sus hermosos colores el heroísmo más el sacrificio generoso de los hijos de la patria, hasta llegar hoy a concluir de tejer la más brillante corona de triunfos que nación alguna haya ceñido sobre su frente». El Veintiuno de Mayo, 23 de enero de 1881 «La administración chilena del litoral debe desde el primer momento contrastar con la boliviana que allí existía. Las naciones que nos observan deben ver demostradas prácticamente las ventajas de la sustitución de una administración por otra y el desarrollo progresivo y ascendente de esos territorios a la sombra de nuestras instituciones». El Ferrocarril, 22 de febrero de 1879 «A las 6 pm, nos pusimos en marcha para Chimbote y dejamos al incendio, en medio de su majestuosidad destructora, que siguiera su curso». Clotario Salamanca, cirujano del Ejército de Chile en la Expedición Lynch (Ahumada, 1982, III-IV, p. 549) Entre el 14 de febrero de 1879 y el 18 de enero de 1881 el ejército expedicionario chileno recorrió miles de kilómetros, enfrentó decenas de batallas y sometió a un número importante de población civil. Tras cada uno de esos complejos movimientos, diversas regiones fueron quedando bajo el control del Estado al que dicho ejército representaba. El corolario es ya conocido: en menos de dos años una inmensa franja territorial extendida desde Antofagasta a Lima estaba en manos de un nuevo dueño. Esa era la «indemnización» —decía un contemporáneo— a la que Chile «tenía derecho por los ingentes sacrificios realizados» en tan larga y sangrienta jornada. Ese era el sentido del inquietante viaje que la 297
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