Guerreros civilizadores

486 Carlos Sanhueza opina que los relatos de viaje permiten medir el peso que en las definiciones de lo propio tiene, durante el siglo XIX, el paisaje, la flora, la fauna y la geografía. Para esta discusión ver Sanhueza, 2006; y Bryntrup, 1992. Un trabajo que, para el caso latinoamericano, apunta en similar dirección es el editado por Fey y Racine, 2000. 487 El trabajo de Abraham Quiroz e Hipólito Gutiérrez reúne en un solo tomo el epistolario de Quiroz, dirigido a su padre, y la crónica de Hipólito Gutiérrez. 488 Para la emergencia del nacionalismo en las primeras décadas del siglo XX, ver BarrMelej, 2001; Subercaseaux, 2007, IV; Rinke, 2002; y recientemente Cid & San Francisco, 2010. Algunas de estas ideas fueron discutidas en Mc Evoy, 2000. 489 Benjamín Vizcarra Donoso a Benjamín Vicuña Mackenna, Tacna 19 de junio de 1880, AN.FVM., vol. 252, f. 9. 490 Este punto ha sido analizado en detalle por Méndez Notari, 2004. 491 AN.FVM., vol. 253, f. 36v. 492 AN.FVM.Vol. 289, f.28 y 28v. 493 AN.FVM., vol. 252, f. 114 y 114 v. 494 AN.FVM., vol. 253, f, 51 495 Samuel Hynes subraya otros elementos que es necesario tener en consideración para abordar la narrativa de guerra. Primero, cada ejemplo de narrativa de guerra, cartas, diarios y memorias escritas por los soldados, da cuenta de la participación de un hombre en acciones que involucran a otros hombres, aunque cada uno hable con su propia voz. Sin embargo, la voz de la narrativa de guerra no es la voz de la historia ni de la memoria colectiva. Segundo, la duración del tiempo en una narrativa tampoco es histórica sino estrictamente personal. Pocas narrativas, por otro lado, empiezan cuando la guerra comienza y terminan cuando ella acaba. En efecto, lo que cada narrativa hace es contar solo una parte de la historia, la vivencia personal del cronista soldado, esto es su guerra particular. Tercero, esta remembranza no se centra únicamente en la idea militar de la victoria o de la derrota. En la narrativa personal de «la guerra» este evento escasamente existe como una realidad histórica. En la narrativa personal de la guerra solo existen los hombres que actúan en el campo de batalla y a veces mueren en el anonimato más absoluto (Hynes, 1990, pp. 218-219). 496 En el caso de los apuntes de los oficiales Baeza, Toledo y Rosales, ellos quedaran sepultados, por muchos años, en el Archivo Nacional de Chile. 497 La introducción de Mi campaña al Perú, 1879-1881, escrita por Juan de Luigi Lemus, nos provee de interesantes datos sobre la biografía de Rosales. Su crónica toca temas que también desarrollan otros cronistas, como la religiosidad, el deseo de conocer nuevas tierras, el racismo, la descripción de Bolivia y Perú como naciones corrompidas, la crítica a la inacción de su batallón, la mala comida que recibe el soldado, entre otros más. 498 AN.FVM., vol. 257, folio 62. Diario de Pedro Pablo Toledo. 499 AN.FVM., vol. 253, folio 78. Narración de Miguel Moscoso, Expedición a Tarapacá. 500 AN.FVM., vol. 253, folio 139. Narración detallada del Combate de Tarapacá. 501 Larraguirre, «Hojas de un diario», La Época, 15 de enero de 1882. 292

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