Guerreros civilizadores

502 Combate de Tarapacá. Narración detallada, en AN.FVM., vol. 253, folio 132. 503 «Carta de un combatiente de la Guerra del Pacífico», Tacna 10 de junio de 1880. AN.FV., vol. 366, Fojas 144-146. 504 El original de la carta de pésame dirigida a Margarita Argomedo, fechada el 1 de febrero de 1882, se encuentra en AN.FVM., vol. 258, folio 258. 505 El Nuevo Ferrocarril, 21 de julio de 1879. 506 AN.FVM., vol. 289, f. 128v. 507 Vicencio se incorporó en 1880 a la Tercera Compañía del batallón movilizado Quillota y participó en la campaña de Lima. Durante su etapa de servicio militar destacó por la ayuda que prestó al médico de su compañía debido a sus conocimientos de medicina y farmacéutica. El tema del sacrificio por la patria al que hace alusión Vicencio ha sido abordado por Viroli, 1995; y por Kraay & Whigham, 2004. 508 «Los buzones de Antofagasta nunca recogieron tantas cartas como en los días anteriores a la partida del ejército. Todos escribieron a sus familias dándoles a saber el viaje y despidiéndose de ellos quizás para siempre» (Urquieta, 1907, p. 68). 509 Expedición a Tarapacá. Narración de Miguel Moscoso, en AN.FVM., vol. 253, folio 77. 510 La Juventud, 4 de enero de 1880. 511 Una notable aproximación al desafío físico y mental que representó el desierto para la cultura chilena es la provista por Manuel Vicuña (1995, pp. XVI-XIX). Para el autor, hacia 1879 entre la población chilena prevalecía la ignorancia respecto al desierto. Muy pocos sabían cómo era el despoblado; antes bien, para la mayoría era imposible tan siquiera imaginarlo (p. 81). 512 «En ocho horas de marcha caminamos nueve leguas. Los soldados llevaban sobre sus lomos 50 libras de peso» (Fernández Larraín, 1979, p. 181). 513 El Mercurio de Valparaíso, Valparaíso, 28 de abril de 1880. 514 José Domingo Terán a María Isabel de Terán, Quillagua 30 de setiembre de 1879, en AN.FVM., vol. 289, ff. 119-120. 515 Decía Cáceres al respecto de la segunda etapa de la guerra, peleada en el corazón de los Andes: «Nuestra guerra era ahora una guerra de circunstancias especiales de montaña andina. Guerra asaz, movida de singulares facetas y modalidades que rehúsa todo dogmatismo y sujeción a rígidos preceptos abstractos y ordenancistas, y en la cual las condiciones de presente y la posibilidad son, por lo general, factores determinantes en la adopción de las decisiones de mando» (Cáceres, 1973, p. 111). La campaña a la sierra de la que nos ocuparemos en el último capítulo del libro provocó «una vida de zozobras sin gloria, de sacrificios sin recompensa y de sufrimientos sin estímulo. El enemigo y las epidemias espiaban los campamentos chilenos en esa eterna ocupación al Perú que parecía no terminar nunca» (Bulnes, 1911-1919, III, p. 311). 516 El manuscrito del «Diario de campaña a la sierra» de Pedro Pablo Toledo puede revisarse en AN.FVM., vol. 257, Folio 51-160. El autor, quien participó en las batallas más importantes de la guerra —incluidas las de Chorrillos y Miraflores—, es muy minucioso en registrar el día a día de su batallón (ocurrencias de la tropa, visitas, comida, aprovisionamiento), su encuentro con los peruanos, la manera como se cobraban los cupos y los desafíos de la naturaleza, en especial las alturas andinas. El 293

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