Guerreros civilizadores

el placer y el amor» (Venegas, 1885, pp. 196-297). Apacible, arrobadora en su oriental abandono y dormida al calor de su propia morbidez, Lima esperaba al soldado chileno, a quien le prometía todos los placeres imaginables (Salinas, F., 1893, p. 267). En el cuento titulado «Los relojitos» Daniel Riquelme señaló que la llegada del ejército a Lima era la justa recompensa y el desquite por los tantos sacrificios vividos por la tropa chilena. Lima-trofeo fue definida como una mujer de cuyo seno parecían venir soplando sobre todos los corazones vientos cargados de babilónicas promesas, bocanadas tropicales, abrasadoras y libidinosas como «besos de mulata cortesana» (Riquelme, 1931, pp. 67-71). Entrada de las tropas chilenas en Lima, 1881 La percepción de la capital de la nación derrotada como una fémina que esperaba por el hombre que la poseyera y dominara despertaba la excitación de la tropa558. Antes de la llegada a Lima se hubiera creído, afirmaba Riquelme, que todos acababan de obtener de su amada una ansiada cita. Y tanto revisaban las armas como se cercioraban de que yaciera en el fondo de la mochila una camisa medio almidonada. El encuentro entre el ejército chileno y Lima adquirió las características de una cita de amor con una prostituta de lujo (Riquelme, 1931, pp. 67-71). La razón de tanta excitación estaba relacionada a las fantásticas historias que sobre Lima circulaban entre la tropa. Una de ellas era que «los hombres se bañaban juntos y revueltos con las mujeres, ligero traje de por medio, y todos aplaudían la franqueza de tal proceder». Otra era que «las engreídas y rumbosas limeñas no usaban calzones y que en camisa dormían la ardorosa siesta en frescas hamacas». Lima aparecía en muchos de los relatos como un lugar de calores y de humedades. Las descripciones de las tiendas y joyerías arrancadas de un cuento de la Lámpara 284

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