Guerreros civilizadores

esfuerzos hacia la domesticación del ejército nacional, a la modernización del parque militar y a la depuración del comando encargado de apoyar a La Moneda en la consecución de sus objetivos nacionales. Las transformaciones anteriores ocurren en un período relativamente corto de tiempo, cuestión no menor si se observa que el aparato estatal al que nos estamos refiriendo atravesó, en las décadas previas, por dos guerras civiles, un boom económico, una guerra internacional y una modificación radical de su mapa político14. Atendiendo a lo expuesto, este capítulo analiza el soporte burocrático de un Estado en guerra, a la vez que expone algunos de los problemas que debieron enfrentar sus vanguardias administrativas con la finalidad de materializar una serie de objetivos que se plantearon, desde un primer momento, como nacionales. La noción de Estado que aplicamos para el caso particular de Chile es el de un centro institucional y permanente de autoridad política sobre el cual los regímenes reposan. Más allá del debate que puede surgir respecto a políticas específicas, su autoridad es ampliamente aceptada dentro de la sociedad. Porque si bien, como discutiremos más adelante, la naturaleza de su agencia está expuesta a la interferencia de otros actores, el Estado chileno exhibe, al menos en el núcleo central que opera desde La Moneda, la suficiente coherencia para convertirse en un actor decisivo en la consecución de fines estratégicos (Centeno, 2002, p. 2). La traumática experiencia vivida por Chile como consecuencia de la guerra contra España, en donde a «unos meses de doradas esperanzas y de magníficos ensueños» sobrevino la tragedia de Valparaíso bombardeado», dio pie para que analistas de la talla de Fanor Velasco develaran de manera descarnada los graves errores cometidos por la administración de José Joaquín Pérez durante el conflicto que enfrentó a un grupo de repúblicas sudamericanas contra la antigua metrópoli colonial. Velasco opinaba que una guerra como la que peleó Chile entre 1864 y 1865 no se ganaba ni con retórica ni con oratoria sino con una eficiente labor administrativa15. Era necesario que el gobierno chileno no olvidara, señaló un editorial de El Taller, las tristes y humillantes consecuencias de «la malhadada guerra contra España», entre las cuales se encontraba la indecisión del presidente Pérez a su apuesta por la paz16. La campaña bélica que, luego de catorce años y en el mismo escenario marítimo, Chile debió pelear esta vez contra sus vecinos debió ser justificada ideológicamente ante «el mundo civilizado». Sin embargo, como en su momento se encargó de recordarlo 27

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