Guerreros civilizadores

violento encuentro. La guerra desde la perspectiva de los soldados permite que nos acerquemos a las ideas, deseos, ambiciones, miedos y estereotipos que junto a sus fusiles cargaron los expedicionarios que desembarcaron una tarde de verano en la playa de Curayacu. El racismo es un elemento del discurso nacionalista chileno que aflora en las crónicas que analizaremos en detalle en la próxima sección de este capítulo, pero también lo son otros elementos como el género y la sexualidad. Lima, como hemos sostenido con anterioridad, es la Sodoma sudamericana cuyo comportamiento se opone a la maternidad republicana que exhiben las mujeres chilenas. El Perú es un objeto de deseo, rico pero indolente y despilfarrador, poblado de indios que «indiferentes a los negocios públicos, impórtales nada quién gobierne» su país. Porque para los que aún se creían «humildes súbditos de los Incas» no existía ninguna diferencia entre «Sancho, Pedro o Juan» (Salinas, F., 1893, p. 375). Comparaciones de corte estrictamente racial, como aquella en la que el roto es visto como «un pan blanco» si no «francés» en medio de aquella «mescolanza de razas con que se había formado el bajo pueblo peruano», junto a epítetos que los cronistas soldados dedican a los «negros, zambos y cholos», todos considerados «a la altura de los salvajes» de otros tiempos, registran el uso de referentes étnicos que junto con los de género ayudaron a describir al enemigo (Mc Evoy, 2000). Ninguna de las aproximaciones provistas por las ciencias sociales en torno al tema de la guerra logra explicar con claridad los aspectos etnográficos que todo conflicto bélico encierra y que las crónicas de los soldados, siguiendo el modelo impuesto por Vicuña Mackenna, expresan de manera magistral. Desde un punto de vista cultural, la violencia física, verbal y simbólica ejercida contra el enemigo responden a razones más ontológicas que utilitarias, pues terminan convirtiendo al adversario en un objeto que permite perpetuar la identidad propia (Shapiro, 1977). Si tomamos en cuenta la interpretación hegeliana de la conciencia humana, la negación de la identidad del otro juega un papel esencial precisamente en la guerra, donde esta negación —definida simultáneamente en los ámbitos público y privado— adquiere una dimensión que puede ser explicada filosóficamente al asociarla con otros aspectos de la vida civil, política e incluso cultural de cada pueblo. Dentro de este contexto, la operación cultural que llevan a cabo los cronistas soldados es integral al proyecto político, económico e ideológico de Chile, ya que ellos están a la vanguardia de una conversación a dos voces con la nación propia y la no256

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