Mackenna, 1880, I, p. 10). Lo que perseguían Vicuña Mackenna y sus seguidores era registrar en tiempo récord las diferentes versiones de los actores involucrados en la guerra, a riesgo, incluso, de parecer superficial y a veces impertinente (Mc Evoy, 2009). La agresividad de muchos periodistas para obtener información de primera mano fue un hecho que no dejó de provocar comentarios. Una carta anónima enviada a la sección «Remitidos» de El Nuevo Ferrocarril indicaba que en vez de esperar las ocasiones para verificar de manera natural y oportuna los eventos de la guerra, muchos hombres de prensa forzaban las puertas de los testigos sin respetar siquiera el duelo de los esposos o la salud de los pacientes. Las visitas de Vicuña Mackenna a los hospitales habían sido, por ejemplo, «funestas» para los soldados heridos. Con ellos conversó hasta tres y cuatro horas sin recordar el estado de debilidad en que se encontraban y menos la influencia moral que en muchos de ellos debían de ejercer los recuerdos de combate. Aun cuando el denunciante reconocía la importancia y la utilidad de los escritos sobre la guerra, también reparaba en la necesidad de cuidar la salud de los oficiales y soldados chilenos. Por ello suplicaba moderar la «patriótica impaciencia» y esperar un tiempo prudencial para recopilar las noticias que nutrían la curiosidad y promovían la fantasía de miles de insaciables lectores santiaguinos y provincianos491. Benjamín Vicuña Mackenna La disputa política-ideológica que sostuvo Vicuña Mackenna con la administración de Aníbal Pinto, su contendor en las elecciones de 1876, lo empujó a formar una sólida, compleja y ubicua red de informantes y proveedores de información y de documentos en el teatro mismo de la guerra, red en la que comprometió desde soldados rasos hasta conspicuos 248
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