Guerreros civilizadores

la puerta a la nivelación social. «Delante de la gloria no hay, por lo demás, ni primeros ni últimos llegados, porque al reflejo de su luz radiante como la del sol, todas las existencias se funden en un solo, vívido e inmortal destello» (Vicuña Mackenna, 1883, I, Prólogo). La guerra como acción comunitaria no dejó de lado las historias personales, como aquella del comandante del 4º de Línea Juan José de San Martín. Hijo de la montaña del Ñuble, San Martín se hizo soldado en 1854 en la plaza de Chillán. Su condición de combatiente no lo despojó, sin embargo, de una gran dosis de ternura, la que fue subrayada por Vicuña mediante la publicación de una serie de cartas «íntimas» cursadas entre el militar y su esposa. Un ejemplo concreto es la misiva que San Martín le envió a esta acusando recibo del «zapatito» de su hija y del «pelito» que probablemente llevó a su cita con la muerte en Arica (Vicuña Mackenna, 1883, I, pp. 17-24). La lectura de la biografía de Ramón Dardignac, segundo jefe del batallón Caupolicán, nos ayuda también a entender ese fascinante proceso mediante el cual la guerra fue transformada en un folletín para el consumo masivo. En una de las páginas más dramáticas de la biografía del oficial caído en Miraflores, Vicuña Mackenna describió detalladamente el estado en el que encontró su cadáver. El rostro de Dardignac, que el prolífico historiador logró ver por última vez en Valparaíso, se había consumido al punto de que su tez morena diseñaba como tenue velo todas las sinuosidades del espectro. Sus ojos, «cristalizados por el hielo de la muerte», se veían medio abiertos, velados por el enjuto párpado; su boca, poblada de blanquísimos dientes, se había contraído con la tenacidad del dolor y su barba se desprendía de su centro, dislocada por «la general descomposición de la materia». De la muerte como espectáculo público pero también del viaje del héroe a la eternidad dará cuenta la sentida crónica que Vicuña escribió sobre Dardignac y sobre docenas de soldados y marinos caídos en combate. Siguiendo con una novedosa estrategia narrativa, la sección del Álbum dedicada al oficial del Caupolicán fue adornada con fragmentos de las cien cartas personales que Vicuña logró recopilar con la finalidad de hacer de la crónica un objeto de consumo entretenido. Fue esta estrategia lo que ayudó a que el lector compartiera e incluso hiciera suyos los sentimientos más profundos del biografiado, entre ellos la alegría de ser padre en dos ocasiones, su amor conyugal y finalmente el reconocimiento del orgullo de un hombre reformado por la guerra. De la biografía de Dardignac debemos rescatar un par de ideas que se repiten en otras trayectorias de vida publicadas en el 245

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