desierto, con la cordillera de los Andes o con la ciudad de Lima. Los recuerdos de los destacados al frente de batalla, acopiados en sus cartas, diarios y memorias, permiten recorrer los escenarios convencionales de toda conflagración bélica pero también ayudan a destacar las vivencias de un puñado de hombres que lucharon por conservar el recuerdo de su gesta además de la propia vida. Muchos de los que participaron en esos episodios redactaron sus impresiones ya convertidos en veteranos. Así, decenas de cronistas soldados proveyeron de insumos a una industria del recuerdo ávida de material patriótico. Un caso concreto de esto es el de Urquieta, anteriormente citado, pero también el de Arturo Benavides, quien en sus Seis años de vacaciones, definió a la Guerra del Pacífico como el gran relato de la nación chilena. Cuando en 1925 Benavides publicó sus memorias, Chile se encontraba, en sus palabras, al «borde del abismo». Para remontar dicha situación el veterano recomendó tomar «enérgicas medidas», entre ellas retornar a las glorias del pasado. Porque solo estimulando la memoria de la gesta del ejército chileno en 1879 podía reavivarse el «amor a la patria». En esa misma línea de pensamiento se ubica el trabajo de Carlos Alfaro, soldado del Bulnes, quien en 1927 le dedicó su Álbum gráfico e histórico a Carlos Ibáñez, a quien consideró «el salvador de la patria». Florentino Salinas, por otro lado, se sirvió de la narrativa bélica para reivindicar la labor de sus camaradas de armas, mientras que J. E. López se valió de su pluma para defender al combatiente contra ataques que dañaban su honor. Cuando fue alejado de la escuadra por las intrigas de «politiqueros ambiciosos», López decidió contar la historia de los que en «los primeros tiempos de la guerra» asumieron todo «el peso y la responsabilidad de la campaña» (Benavides Santos, 1925, p. 6; Alfaro, 1927, dedicatoria; López, 1910, pp. 114-115). Regimiento Buin en Antofagasta, 1879 239
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