comprar los recuerdos de un hombre que había escuchado «el tronar del cañón y el rumor rencoroso de mil granadas enemigas». Nada podía compensar el esfuerzo de quien redactó su historia y la de Chile con «la sangre producida por dos balas traidoras en su propio pecho». Los escritos del veterano que finalmente fueron publicados en Santiago no eran un asunto meramente personal. Sus memorias, afirmaba la nota periodística, le pertenecían a cada uno de los chilenos (Urquieta, 1907, I, pp. 5-11). Los encuentros entre guerra y memoria se han convertido en materia de una renovada reflexión historiográfica. Trabajos recientes muestran cómo la exacerbación de la memoria y la experiencia de la guerra son fenómenos inseparables. Así, guerra, memoria e historia conforman una trilogía que evoca relaciones muy complejas que aluden a los procesos de construcción de identidad, es decir a las representaciones que se construyen en época de conflicto armado. La pluralidad de relatos, trayectorias y proyectos que se tejen en las relaciones de poder afirman, reprimen o subordinan a determinados actores. Las huellas, los símbolos, las escenografías, los monumentos, la numismática, la toponimia urbana, los mausoleos y los escritos perpetúan, por otro lado, el recuerdo de personas, hechos y colectividades. En su sentido más profundo, dicha memoria, expresada de múltiples maneras, es una forma de resistencia a la muerte y a la desaparición de la propia identidad478. Jay Winter denomina «remembranza colectiva» al producto creado por individuos y grupos que se unen, no como representantes del Estado o de organizaciones subsidiarias, sino como hombres y mujeres que necesitan hablar de una experiencia tan profunda y traumática como es la guerra. La decisión de actuar en público (creando asociaciones de veteranos, escribiendo cartas, diarios y memorias o hablando abiertamente de sus vivencias personales) es estrictamente individual. Sin embargo, lo que los combatientes y veteranos vienen a contar no es un asunto privado, desde que la guerra es por definición una acción colectiva (Winter, en Winter & Sivan, 1999, pp. 6-10). El propósito de este capítulo es seguirle la pista a una forma literaria que retrata un viaje que fue geográfico y militar, pero también psicológico, cultural, estético, político e incluso, como bien lo refleja el caso de Urquieta, exhibió los avatares de una aventura editorial. Abordar la Guerra del Pacífico desde la experiencia de sus protagonistas permite explicar lo que significó despedirse de la familia y del camarada agónico, y ayuda a entender el impacto físico y mental que supuso el encuentro con el 238
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