Guerreros civilizadores

CAPÍTULO 4. LA GUERRA EN TIEMPO HETEROGÉNEO «Creo que la guerra es el último de los recursos extraordinarios a que debe acudir una nación en defensa de su derecho desconocido y de su honra ultrajada; y que solo ama la guerra por la guerra aquel que no sabe lo que son los lamentos de una víctima o las lágrimas de una madre». A.J.E. Lagarrigue, Hojas de un diario476 «También es cierto que si nuestros rotos no fueran asesinos y ladrones no podrían tampoco ser conquistadores, y aquí la conquista no es otra cosa que un gran robo a mano armada». Máximo Lira a Isabel Errázuriz, Pacocha 28 de febrero de 1880 (Claro Tocornal, 2003, p. 69) «Todo lo que hasta la fecha se hace con nosotros es manifestarnos que se nos reserva dos fines: el uno morir oscuros y que hasta nuestras familias ignoren nuestra muerte y el otro es que si salvamos el pellejo, elevaremos hasta el fin de la jornada, ceñido el pesado yatagán del soldado». Carta de soldados del Regimiento 3º de Línea a Benjamín Vicuña Mackenna, Antofagasta 7 de agosto de 1879477 Desde la popa del barco que lo trasladó al frente de batalla, el oficial Alberto del Solar reparó en el hecho de que su futuro ya no le pertenecía. Su vida, escribió en las páginas de su diario de campaña, se disolvía ante sus ojos como «las espumas encendidas de las olas» del mar (del Solar, 1976, p. 39). Variable en su foco y en su perspectiva, la narrativa de la Guerra del Pacífico nos traslada a un espacio de introspección donde es posible atisbar los recuerdos más profundos del combatiente. La matanza en medio del incendio, los gritos de agonía del camarada mutilado o los campos de batalla alfombrados de cadáveres forman parte de un bricolage 236

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