425 El Estandarte Católico, 7 de junio de 1879. Un pasaje de la Biblia del libro de Romanos VIII: 31 que evidencia una pésima interpretación teológica del pasaje. El «nosotros» son los cristianos, frente al «mundo pecaminoso», pero la «alquimia» de la palabra crea la antinomia teológica: Chile/Perú, pueblo escogido/pueblo pagano, pueblo santo/pueblo pecador, etcétera. Dicho sea de paso, a nadie parece interesarle mucho que lo que se diga sea coherente teológicamente, sino operativo al nivel de movilización nacionalista que requiere la guerra. 426 El Constituyente, 21 de julio de 1879. 427 El Estandarte Católico, 23 de julio de 1879. 428 Donoso recordaba en su sermón que «el 14 de marzo de 1818 fue para la capital un día de fervorosa plegaria. La magistratura y el sacerdocio, los niños y los ancianos, la noble patrona y la púdica doncella se reunieron para implorar la protección divina, por la mediación de la Reina del Cielo. El 5 de abril Chile obtuvo el triunfo contra los españoles y desde ahí coloco la suerte y la ventura de la Patria en el regazo de su celestial Patrona» (Donoso, «Discurso de Apertura», VV.AA., 1879, p. 12). 429 Recientemente, Jaime Valenzuela ha desmitificado esta lectura muy difundida del nacionalismo católico, y ha afirmado que es una invención que nace solamente a fines del periodo de la independencia, y que solo se cataliza como devoción nacional en la Guerra del Pacífico. De hecho, en el trabajo de Gabriel Cid sobre la guerra contra la Confederación, él concuerda con este punto, ya que la Virgen del Carmen está sencillamente ausente del discurso nacionalista ahí articulado. Estaríamos, en este caso, frente a una invención nacionalista desde la óptica religiosa, que ve en este ícono un potencial símbolo cohesionador bajo el cual explicar las victorias nacionales, que serían, por lo mismo, victorias religiosas, posicionando muy bien a la Iglesia desde esta perspectiva frente a sus contrincantes secularizadores (Valenzuela, 2012, cap. IV). 430 Cuando la oración se coloca en manos de la poderosa Reina del Cielo, que es también patrona de nuestras armas, llega a ser omnipotente. Existían, según Vergara, pruebas para sugerir que su protección favorecía a los chilenos desde la etapa de la independencia («A orar», El Estandarte Católico, 10 de julio de 1879, con ocasión de las rogativas por la celebración de la Virgen del Carmen). 431 El relato proviene de la carta enviada a Benjamín Vicuña Mackenna por Arístides Muñoz y que fue publicada primero en El Ferrocarril y posteriormente en El Estandarte Católico del 5 de julio de 1879. 432 Vergara, «Discurso de Apertura» (VV.AA., 1879, p. 11). Es también relevante para esta discusión el artículo «Nuestro deber de Católicos y de Chilenos en la hora presente», El Estandarte Católico, 30 de octubre de 1879. 433 Para el enfrentamiento de Santa Rosa con la Virgen, ver la poesía de Guajardo «Súplicas de Santa Rosa a la Virgen del Carmen», en Uribe Echeverría (1979, p. 46): Santa Rosa «Por último, una batalla dejad que ganen siquiera». La Virgen: «No Rosa, justo es que muera esa rebelde canalla. En mis chilenos no hay falla, tienen fe, valor, coraje; tus cholos con el ultraje turban del mundo la paz». El culto mariano no decayó durante los años de la ocupación del Perú. En 1881 el capellán del ejército Enrique Christie recordaba con entusiasmo una procesión de la Virgen del Carmen que tuvo por escenario uno de los corredores de la Escuela de Cabos de Lima (Matte Varas, 1980, p. 196). 232
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