Guerreros civilizadores

última opción; la guerra debe ser abierta y legalmente declarada; una guerra debe ser la respuesta a instancias específicas de agresión injusta —las especificaciones ad bellum —; los medios utilizados para pelear una guerra deben ser proporcionales a sus fines. Todo ello teniendo como base lo que los teóricos definen como el juicio moral, un marco que colabora en dilucidar cuál de los contrincantes se está conformando con más o con menos justicia o quién es el victimario y quién su víctima. Lo que para el realista estratégico es puro formulismo, para el doctrinario de la guerra justa constituye el centro neurálgico de la discusión. 397 De acuerdo a Jean Bethke Elshtain, una de las mayores expertas en el tema de la «guerra justa», el discurso cristiano nunca estuvo libre de connotaciones belicistas. El Libro de las Revelaciones, por ejemplo, es una «historia fantasmagórica» de la lucha apocalíptica contra la Bestia. Según la autora, la afirmación del discurso guerrero por parte de la cristiandad surge cuando los líderes cristianos aceptaron el Antiguo Testamento como una porción importante de las Sagradas Escrituras (Elshtain, 1992, p. 127). Para el caso de la guerra entre México y los EE.UU., por ejemplo, el clero mexicano se valió también de la teoría de la guerra justa para disputar, a nivel ideológico, la injustificada invasión norteamericana. 398 Esteban Muñoz Donoso, «La Guerra en manos de Dios» (VV.AA., 1879, pp. 27-29). 399 «Escándalos infundados», El Estandarte Católico, 2 de junio de 1879. 400 El Chilote, 15 de abril de 1880. 401 «Pastoral del Ilustrísimo Obispo de la Diócesis D. Fr. J. Francisco de la Paula Solar, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de S. Carlos de Ancud», El Chilote, 21 de junio de 1879. 402 Para la fundamentación de la guerra justa y las comparaciones de Chile con Israel ver «La Guerra», «Oremos» y «La Guerra y los deberes que nos impone», en El Mensajero del Pueblo, 26 de abril, 19 de julio y 23 de agosto de 1879, respectivamente. 403 «La llegada de la noticia de lo acontecido en Iquique trastocó la vida de los habitantes de Talca. Desde que se tuvo conocimiento de los resultados del combate naval diversos grupos se dirigieron a la intendencia unos y otros al telégrafo y oficina de imprenta para recabar noticias sobre tan magno acontecimiento. La gente corría en todas direcciones, cada cual empeñándose en comunicar primero la gran noticia. A las cinco de la tarde se cantó un Te Deum en la Iglesia Matriz mientras en la plaza algunas compañías del Batallón Cívico daban más solemnidad al acto con algunas descargas cerradas» (La Reacción, Talca, 27 de mayo de 1879). El mismo tipo de reacción y de ceremonial patriótico puede observarse en San Bernardo, Melipilla, Concepción, Valparaíso, Parral, Ancud, entre otras provincias más. 404 «Oración fúnebre en honor a los chilenos muertos en la jornada naval de Iquique, el 21 de mayo pronunciada en la Catedral de Santiago por el P.D. Esteban Muñoz Donoso el 10 de junio de 1879». El Estandarte Católico, 10 de junio de 1879. 405 El Constituyente, 7 de abril de 1879. 406 La Esmeralda, 11 de diciembre de 1879. 407 Para una discusión en similar dirección para el caso de la guerra civil norteamericana véase Gilpin (2008) y Schantz (2008). Un análisis de los cambios de mentalidad sobre la muerte en Chile, en León (1997). 230

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